Nueva York·Viajes

Nueva York (8)

Lunes 9 de mayo.

Suena el despertador a las 5 de la mañana. Feliz cumpleaños y Día de Europa, Santi.

El sueño y la desgana en general por estar pensando “ostia tú qué se me habrá perdido a mí en Washington” no hace que baje con el mejor de mis humores a la recepción. Así que cuando aparece Fernando, el hombre colombiano que nos va a ejercer de conductor al D.C., no tengo el mejor de mis humores. En verdad Fernando va a hacer un “all in one” y será conductor y guía a la vez: se ve que por EEUU también está la cosa tiesa y algunos tienen que pluriemplearse. Así que sueño americano una leche, sueño el que tengo yo en estos momentos.

Con esa mala leche gallega que me caracteriza, y ya que por su culpa me han hecho despertarme tan temprano, antes de montarnos en el micro-bus paso revista a mis acompañantes:

– A veeer, todos atentos un momento. Repasemos: ¿Pastillas para los mareos y otras necesidades vitales varias? Sí. ¿Taca-tacas? Sí. ¿Pantalones de pana subidos hasta los sobacos? Sí. ¿Sandalias de velcro con calcetines blancos? Sí. ¿Bombonas de oxígeno? También. Pues nada, ya podemos irnos. Arranca Fernando.

Antes de coger la carretera, recogemos a otros grupitos de gente que vienen con nosotros. 2 chilenos, que parecen abuelo y nieta. Una pareja de argentinos, cuya mujer está…bueno, dejémoslo en que viva la Pampa y la madre que la parió. Y dos chicas jóvenes que vienen solas y claro, se hacen amigas cuando ven que todo el mundo va con su grupito. Una de ellas es ecuatoriana y la otra valenciana. Como el trayecto son unas 4 horas de ida y otras 4 de vuelta cruzando unos 5 Estados (así se las gastan allí: ya sólo me quedan 45 por visitar), el guía, aparte de explicar muy bien todo lo que va considerando oportuno, nos deja tiempo para charlar.

Aquí he de hacer una parada y hablaros sobre otro miembro de la expedición:

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El hombre de la izquierda que lleva la capucha de la sudadera al típico estilo neoyorquino cual rapero del Bronx es Jesús Marín, alias el Marín o “Jesusito” para sus compadres. Jesús se caracteriza por ser alguien que…bueno, digamos que para él, Podemos a veces son bastante de derechas. Como nos ponemos a hablar especialmente con las 2 chicas jóvenes que vienen solas (anda que somos tonto también nosotros), la pregunta de rigor a la de Ecuador es: oye, ¿allí sigue algo en pie después del terremoto? Y parece ser que sí, que haberlo haylo. Pero claro, hilando un tema con otro, que si pim, que si pam…sale el tema político. Y política de América Latina, ojo. Y claro, yo viendo los derroteros que está tomando aquello me temo una catástrofe de dimensiones cataclísmicas. Y efectivamente cuando esta muchacha empieza a hablar pues claro, se ve que Marín muy de acuerdo muy de acuerdo con sus opiniones no está…y yo me empiezo a poner tenso. ¿A que no llegamos a Washington? ¿A que a un día de dejar este país nos detienen a todos pos escándalo y violencia manifiesta contra una pobre ecuatoriana? Yo ya estaba viendo los titulares:

El País: Joven español encarcelado en USA como cómplice de agresión a una ecuatoriana. El agresor, un inofensivo jubilado harto de las políticas de recortes del PP que tanto le han afectado, declara: “el niño, que se junta con gente de NNGG, me incitó”

El Mundo: Jubilado con conexiones con Venezuela confabula con joven bloguero anti-sistema para atentar contra la libertad de una pobre ecuatoriana.

Público: La derecha española y sus conexiones con USA: el gobierno manipula para que dos ciudadanos españoles acusados de tener lazos con la izquierda dejen en mal lugar a la izquierda viajera española.

La Razón: Última hora: demostración plausible de las conexiones entre Podemos y el gobierno de Venezuela a raíz de un enrevesado caso de terrorismo comunista-bolivariano internacional.

Por suerte los comentarios de unos y de otros no llegan a mayores y los titulares se quedan en mi imaginación…por el momento. Porque entonces llega la parada en el Estado de Delaware. Como nos habíamos despertado todo el mundo tempranísimo, la parada en este área de servicio enorme es para desayunar y estirar las piernas. Supongo que ya he explicado cómo son los momentos de pedir a los camareros cada vez que nos paramos a comer en algún lado. Pero esta vez no estamos en una mesa donde el camarero viene y se pide. Estamos en la típica fila de buffet donde cada uno ha ido cogiendo bocadillos, bebidas, y demás, y al final de ella se paga, y donde para más inri como el espacio al final de la fila es reducido y hemos cogido 9 bocadillos con no sé cuantas bebidas, agua, y alimentación varia, pues Jesús Marín y Juan Esteban deciden empezar a llevarse los bocadillos a una mesa para despejar la zona…bueno, pues llegado el momento de hacer la cuenta, yo no sé si la chica está hasta los mismos de los fucking spanish tourists pero nos cobra solamente 3 bocadillos de los 9, y de bebidas vete tú a saber. En definitiva, pagamos al menos una tercera parte de los que verdaderamente nos corresponde, y aquí primero paz y después gloria, nadie dice nada, y nos vamos del Estado de Delaware con 5 estrellitas del GTA como auténticos ladrones de guante blanco internacionales.

Con la resaca aún del robo del siglo que será recordado en los libros de Historia norteamericanos como el más grande tras los robos de John Dillinger, llegamos a Washington, donde entramos habiendo pasado antes por el Pentágono, que lamentablemente no nos dejan visitar para ver archivos secretos y esas cosas. Por no faltar a la tradición, llueve. Y mucho, además. Yo de hecho estoy tan hasta los mismos de portar el paraguas que decido dárselo a la chica ecuatoriana. No porque quisiera ligar con ella, ¿eh? NOOOO malpensados, porque soy un auténtico caballero, qué os creéis. Con esa perspectiva me toca ver el cementerio de Arlington bajo la lluvia. El cementerio de Arlington es el mítico cementerio donde entierran a todos los soldados, y de manera excepcional también están los Kennedy: los hermanos, Jacqueline y sus hijos. Todas las tumbas espectacularmente ordenadas, un cementerio precioso y la verdad es que te dan ganas de ser soldado americano y morir en una guerra absurda porque así da gusto oye. De hecho alcanzamos a oír de fondo las 21 salvas de algún soldado al que estarán enterrando. Qué chuli. Tétrico, pero chuli.

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El siguiente sitio mítico que se visita está cerca de allí y es el monumento del levantamiento de la bandera de la batalla de Iwo Jima. Sí, si todos habéis visto esa película infumablemente lenta de Clint Eastwood sabréis de cuál hablo.

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* Yo con un paraguas robado a mi padre dado que el mío había sido generosamente cedido.

Fernando nos conduce en el micro-bus a una parte más céntrica de Washington que es el Memorial de Lincoln. Supongo que será porque estamos en un recorrido express, o porque estamos en la capital del Imperio del siglo XXI, o porque nos bombardean continuamente con películas, series y fotografías, pero se ve que aquí cada sitio es mítico y conocido. De hecho de allí se forma una línea recta que va desde el Memorial de Lincoln hasta el Capitolio, teniendo en medio el monumento a Washington u Obelisco, también mítico, con la fuente enorme donde Forrest Gump daba su discurso para después abrazarse con Claire Underw…digo, con Jenny. Si a esa línea recta le sumas a los laterales el brazo que sería la Casa Blanca, y el otro brazo que sería el Memorial de Thomas Jefferson, tenemos una cruz perfecta que ni los Mayas con sus cálculos astrofísicos.

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No obstante, antes de irnos a los pies del Capitolio, hacemos una parada obligatoria o si no un día en Washington carecería absolutamente de sentido: la Casa Blanca. Por supuesto no veo a Obama, ni a Frank Underwood ni a ningún loco pegando tiros o intentando saltarse la vaya metálica (lástima). Lo que sí veo es que no nos dejan cruzar hasta la acera de la verja del jardín frontal de la Casa Blanca, y tenemos que verlo desde la acera de enfrente…hasta que llega un grupo enorme de indios. No indios americanos. Indios indios, de la India vaya.

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Ya por último acabamos en el National Mall, que es la gran avenida-parque que está a los pies del Capitolio, entre éste y el Obelisco, y donde hay más museos que en París, que ya es decir. Tenemos solamente una hora y media para ver alguno de ellos y comer. Como en todos los días que llevamos hemos visto pocos museos de pintura (nótese la ironía), ¿para qué visitar alguno más original? Como el del aire y el espacio, el de los indios americanos, el de historia natural…NO, volvemos a coger el más clásico: venga pinturas y esculturas en una hora ahí deprisa y corriendo. Se van a librar mis queridos acompañantes porque el museo merecía la pena, si no…

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En comparación con Nueva York, Washington tiene espacios muchos más abiertos y verdes, es limpísima y sus edificios son más bajos, lo cual la hace bastante agradable de ver. Lástima que hayamos venido sólo un día y nos queden otras 4 horas de viaje de vuelta, donde seguramente si no nos detienen por el robo de millones de dólares en bocadillos, sea porque termine la conversación de América Latina regular y me toque ejercer de abogado en USA, aunque técnicamente no pueda.

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