Pavia·Viajes

Reencuentro sienés

Me remonto al 27 de febrero (lo sé, llevaba esto un poco atrasado).

Pablo, ese personaje de Rochelambert que vino en su día a Pavía malo como un dolor, vuelve a la acción. Esta vez parece que viene con las pilas cargadas. Por la noche es la cena de despedida de Anna Catalana, esa chica que me ha estado aguantando infinitas bromas con infinita paciencia durante un cuatrimestre entero. En el Mezzaluna, pizzería caracterizada porque si reservas para 20 personas o más, por 10 € te dan pizza a elección y cerveza y vino ilimitado, nos ponemos tibios. De comer y de beber. Pero la noche sigue y hay que beber Pampero en mi casa. La cuestión es si conseguiremos coger la botella de Pampero, porque cuando llegamos hay más gente que en la guerra. Salón, cocina y pasillo invadidos por gente de pié, sentados contra la pared, desconocidos, novicias…Quitando los 3 desmayos seguidos que tuvo Pelayo en mi salón por causas aún desconocidas (qué le gusta llamar la atención), la noche cumplió: discoteca Nirvana, fragola por aquí, bocadillo de desayuno de camino a casa, y fin.

Lo jodido es levantarse. No recuerdo bien exactamente, pero juraría que a las 9 sonó el despertador. Cuando llegamos a la estación de Pavía, el único tren que podemos coger para llegar a Milán es el caro, pero mi tiesura me hace comprarme el billete barato. ERROR. Pasa el revisor, no me perdona ni siquiera que me haga el despistao y me cobra 8 “euritos” de más. Al llegar tenemos poco tiempo para coger el tren que tengo comprado a Turín y que Pablo con su chanchullo tiene que comprar, pero se me ralentiza el ritmo cardíaco cuando me doy cuenta de dos cosas:

  1. El billete que compré online era un ofertón y es de los caros, ergo a Pablo el chanchullo no le vale.
  2. Los 3 billetes de retorno desde Turín que también había comprado online y que me habían costado 33 “euritos” me los he dejado en Pavía.

El viaje a Turín está siendo un éxito, oiga. A Pablo se le han acabao los familiares contra los que blasfemar y optamos por tomarnos la cosa con relajación, volvernos a Pavía, coger todo, comer tranquilamente (¡aúpa Burger!) y llegar a Turín por la tarde. Y allí que me encuentro con ese par de golfos con el que compartí el que por ahora ha sido el mejor año de mi vida: Víctor “Tifiderio Cagaprisas” y Luisao “Sabroso Golfo”, que se llevan la sorpresa de ver a Pablo al que no esperaban, además de las bellas Ilaria y Giulia, sonrientes como siempre.

Feliz reencuentro en Italia todos de nuevo, sino fuera porque cuando les comento el problemilla de nuestra vuelta a Pavia y demás, Víctor (que demuestra aquí el por qué fue el mejor de su Máster) comenta “pero illo, si lo habías comprao por Internet, ¿no podías volver a imprimir los billetes con un pen drive aquí?”. No hay fotos de la cara de Pablo. Mejor.

Qué mejor manera que birra Wührer y bocadillos como en los viejos tiempos para el reencuentro. La noche se anima y caen varios chupitos en Nomeacuerdodonde. Luego Giulia nos cuela en una discoteca cuyo nombre no augura nada bueno: Cutre. Nos cuela literalmente, porque la cola llega de allí a Pavía. ¿Razón? Al parecer actúan dentro esta noche un grupo cómico muy conocido ahora en Italia que se dedica a liarla allí donde va. Ni pajorela personal de quiénes eran sino fuera porque nos habían enseñao vídeos antes. Discoteca buena con buena música y buenas perras. Si alguna se siente ofendida lo siento, pero no se me ocurría forma más fina de decirlo.

Despedida de las italianas, almuerzo tempranero en McDonald’s (vaya preparación para el Evento Nazionale loco) y llegada a Milán. Pablo la maricona no defrauda y se va directamente a Pavía, pero yo me quedo dando una vuelta con estos por la ciudad de la moda. A la vuelta en Pavía hay poco tiempo, pues la noche va para largo. Lo primero, cena en Mezzaluna. AGAIN. Más pizza gigante, más cerveza, más preparación para el Evento Nazionale. Ya entonados cogemos el tren a Milán, donde Pablo y yo entretenemos a nuestro público con sevillanas del estilo “alla porta di Toledo, mamma, ho gelossia”. La discoteca que nos espera es la más grande de Milán así que os podéis imaginar: Alcatraz. Hoy hay fiesta organizada porque la ESN de Pavía no tiene nada mejor que hacer que VOLVER a hacer un Welcome Month para la gente del segundo cuatrimestre, por si con el del primero no hubiéramos tenido bastante. ¿Y quién faltaba por unirse a nosotros, por si éramos poco y no había parío aún la abuela? Pues el Acho. Con un colega suyo, venidos desde Bolonia. Ya estamos los 6. Noche memorable. Vuelta in extremis cogiendo el tren in the limit. Reventaera máxima.

Por fin podemos dormir una noche hasta descansar medianamente bien. Eso a pesar de que el Acho es un tocapelotas que hasta las 6 no le abre la consigna de la estación de Milán y llega más tarde a mi casa con el consiguiente despertar mañanero. ¿Cómo dormimos 6 tíos en mi casa además de lo que ya hay metido de por sí? Bueno, soy campeón mundial de Tetris, no preocuparse.

Habíamos hablado de que el sábado, después de los 2 días intensos que habíamos tenido, podría ser en mi casa con algún bocadillo que otro y vídeos de Youtube. Pero ni de blas. Vamos con Alessio a tomarnos una copilla al lao de mi casa donde te ponen cubata y chupito por 2,5€, y después a casa de Sara. En casa de Sara DA LA CASUALIDAD de que hay poco macho, mucha hembra y muchas ganas de fiesta. Nuestro plan de tranqui queda aniquilado. Convertimos su salón en una discoteca y nos da una hora razonable: las 4. Pero aún así tenemos que aguantar: nos hemos declarado en huelga. Hoy hay sciopero, aunque algunos parece ser que cumplen servicios mínimos. Malditos esquiroles.

 Mi preocupación de que todo saliera bien el fin de semana se desvanece: nos ha hecho buen tiempo, hemos hecho turismo, hemos salido todos los días y, sobre todo, hemos reído mucho, muchísimo, hasta faltarnos el aire. El reencuentro que tanto quería con Víctor, Luisao, el Acho y Paolo Come Va superó las expectativas generadas. Y la razón es obvia: cuando una panda de golfos se juntan, ya se pueden quedar en una casa encerrados que el descojone y los buenos ratos van a surgir solos.

Gracias chavales por venir. Por mí hubiera caído un segundo Erasmus juntos y lo sabéis. Mi hígado, pulmones y neuronas no dirían lo mismo.

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