Pavia·Viajes

De Champions y sorpresas

Las personas, por tradición, celebramos los cumpleaños. No sé si en todo el mundo, pero hasta donde me abarca a mí, sí. Y es cierto que todos los años deberían ser iguales…pero cuando me di cuenta que mi hermana haría 30 años estando yo en Pavía, me negué en rotundo. Así que me compré un vuelo allá por diciembre para la fecha en cuestión, se lo dije solamente a mi padre y aguanté Navidades en familia y demás ocasiones de debilidad sin soltar ni pío, ni siquiera a mis amigos. ¿Fecha exacta del vuelo de ida a Sevilla? 21 de febrero a las 6:45 de la mañana.

A todo esto hay que sumar que allá por diciembre, si no recuerdo mal, se hizo el sorteo para los octavos de final de la UEFA Champions League. Y a mi querido Barça (aunque estos días me ha dado más penas que alegrías) le tocó el Milan. ¿Fecha exacta del partido? 20 de febrero a las 20:45.

Miércoles 20 de febrero. 8 de la mañana.

Suena el despertador. Después de haber dormido unas 6 horas, me tomo un desayuno y salgo a coger un autobús (cosa poco frecuente en mí en esta ciudad). Me paro en el típico sitio donde ya ni siquiera hay calles de ciudad normales y corrientes, sino carreteras/autovías que te hacen jugarte la vida. ¿Para qué estoy haciendo todo esto? Pues para recoger el jodido paquete que lleva 3 semanas dando vuelta desde que me lo enviaron desde Sevilla y que no ha habido manera de que llegue a mi casa. No sin cierto problemilla consigo finalmente que me den el dichoso envío, cojo el bus y me paro al lado de la estación de tren. Entro en una tienda de fotografías a que me revelen y enmarquen ésta y otras fotos:

Primer regalo averiguao. Andando a casa con la caja y las bolsas casi la lío parda pero todos sobrevivimos. En casa termino de hacer la maleta, me hago unos bocatas, abro el paquete (JODER, RESERVAS DE CHACINAS…) y me voy a la estación. A partir de aquí, todo el día que me quedaba empezaba a ser improvisado. Y son las 11 y poco de la mañana.

A la estación llego corriendo porque mi memoria mi dice que en breve sale un tren que me lleva a Milano Centrale. PERO NO. Falta una hora para el siguiente y yo paso de esperar tanto, así que me compro un billete a Centrale y pillo un tren que llega a Milano Bovisa. BOVISA, vete tú a saber onde caraho está eso. Bueno, no pasa nada, ahí viene un revisor y le podrás pregunt…espera chulo, que tú tienes un billete que no es el correcto. RÁPIDO, REACCIONA, ¿QUÉ HARÍA CHUCK NORRIS? La mejor defensa es un buen ataque. Me adelanto a que llegue a mí y le informo de que me he equivocado al comprar el billete y que no sé si con este tren llego a Centrale. Le doy un billete. Lo mira. Me dice que ese billete es para 3 personas. Lo miro. Le acabo de dar un billete reusado no sé cuántas veces que si se llega a dar cuenta la multa sería todavía peor. Le doy el que es, me explica qué tengo que hacer y no me echa en cara nada. EPIC WIN.

Ya en Centrale le compro una caja de pinturas de Sephora a mi hermana. Segundo regalo averiguao. La meto en la maleta, dejo ésta en consigna y me pillo un metro al Duomo. Allí ya se palpa el ambiente de Champions: banderas, cánticos y borrachos por tos laos. Sigo las indicaciones de mi GPS para llegar al hotel de concentración del Barça. El GPS me envía a 2 kilómetros de allí. Recorridos 50 metros, veo mucha gente y un autobús con fotos de jugadores: estoy en el hotel del Barça. Le van a volver a hacer caso a mi GPS 2 personas. A partir de ahí el plan lo había trazado agrosso modo mi amigo Álvaro de Badajoz: tú vete al hotel del Barça el día del partido por la mañana, intenta buscar por allí a alguien que sea utillero o de la directiva del equipo, y pregúntale si tiene entradas para venderte, porque normalmente al club le dan en Champions un número de entradas para familiares, amigos y demás y si les sobran, no les importa venderlas a aficionados. El plan era mu bonito, pero alrededor del hotel del Barça hay vallas, un maromo que impide el paso si no estás en lista cual discoteca se tratase, y lo que no hay es ni utilleros ni su puta madre. Bueno Santi, pues hasta las 2:45 de la madrugada que cojas el bus al aeropuerto dime tú qué coño haces.

Me tiro aproximadamente una hora alrededor del hotel intentando ver si sale alguien o escucho algún comentario de horarios: hasta las 18:30 no saldrán hacia el estadio, así que ni de blas. Pues nada, voy a comerme uno de los bocatas. Me da por hacerlo cerca de 3 hombres con equipación del Barça. Afirmativo: hablan catalán. Se les acercan 2 sudamericanos y cuando veo que les contestan en castellano me digo “ésta es la mía” y me acerco en plan OLA K ASE a saludar. Cuando les pregunto que si van al partido y me dicen que sí viene mi oportunidad, y con cara de apenado les suelto que lamentablamente yo no porque no quedaban (falso totalmente, quedaban pero ni Cristo iba a gastarse 130 € en ese partido). Y entonces, con un redoble de tambor, uno de los catalanes me mira y me dice “¿tú quieres una entrada?”. Juraría que el corazón estuvo 2 segundos sin palpitarme, y cuando me vuelve a correr la sangre empiezo a negociar. “100 €”. “Ufff, chungo”. “80 €”. “Mmm…es que soy becario y me la han bajao este año…”. “¿70?”. Y entonces me la juego. No recordaba cuánto me quedaba en la cartera, así que le digo que antes de seguir regateando debería mirar si tengo lo que me pide, porque si no tendría que ir a sacar dinero. Y cuando la abro vislumbro 50 €. Mis 50 € salvadores que hacen que le dé pena al colega y acepta.

Después del favor que me acaban de hacer, me quedo hablando con los 3 una hora, además porque son tó güena gente. No obstante hay dos problemas que me rondan la cabeza:

  1. ¿Y si la entrada es falsa?
  2. ¿Qué carajo hago yo con la maleta que está en la consigna?

Intento resolver lo segundo antes de que lleguen Jordi y sus amigos que vienen de visita (sí, todos con entradas compradas antes, y Jordi la maricona no tuvo el detalle de comprarme una a mí…TE VAS A CAGAR, MAÑICO). Lo primero lo resuelvo cuando llegan y comparo mi entrada con la suya: totalmente idénticas. Lo otro, de momento, es una incógnita porque mis contactos de Milán no dan señales de vida.

La tarde la pasamos contagiándonos del ambiente del partido, tomando un cafelillo y reuniéndonos con Bea (otra maña que estudia en Milán) y sus amigos. Me la presentan, previa información de que ella vive en una residencia aquí. Si he dado ya pena una vez hoy, ¿por qué no una segunda? “Pues nada, yo es que me tendré que salir antes de partido a recoger la maleta que está en la consigna y la cierran a las 23:00…” La bondad humana me sonríe y la chavala se ofrece encantada a dejarla en su residencia. Muy buena gente, NO COMO LA MARICONA DE JORDI. Nos separamos de él y sus amigos mientras cogemos combinaciones de metro a Centrale, recojo la maleta, otra combinación larga hasta la residencia de Bea, dejamos la maleta, y otra combinación larga hasta San Siro. El ambiente de metro espectacular. Eso sí, las 2 horas de previa en el estadio que pretendíamos se quedan en 10 minutos.

Del partido mejor ni hablo. Eso sí, ambientazo como nunca había vivido. Al terminar la catástrofe, nos tienen a los visitantes esperando 45 minutos y entonces nos dejan salir. Mis amigos que tienen que volver a Pavía pierden el tren y nosotros el metro, así que venga, en bus y tranvía a la residencia echamos más de una hora. Cuando llegamos encima a las horas que son nos tenemos que colar por una ventana para poder entrar. Después de tirarme un rato allí, me indican cómo llegar a Milano Centrale. Digamos que Milán de noche no es la ciudad más segura del mundo, pero si tienes que coger el autobús nocturno que tuve que coger yo…Ciudad Juárez es el paraíso.

Jueves, 21 de febrero. 9 de la mañana.

No obstante, he llegado vivo a Sevilla. Aquí intentaré ser más breve porque se me está yendo de las manos el correo y creo que se puede resumir mejor: siempre es bonito volver a tu ciudad, pero más aún cuando nadie se lo espera y a todos les alegra. Los gritos de mi abuela y mi madre al entrar en casa, las lágrimas de mi hermana al verme, y la grata sorpresa que se llevó algún que otro amigo, merecen las más de 24 horas de odisea hasta llegar a casa. A pesar de saber que te estás perdiendo la juerga padre en Pavía y que cada vez te quedan menos meses para seguir disfrutando de ella, la comida BUENA, la Cruzcampo, la temperatura, el centro, los cuidados y cariños de tu familia y la felicidad de tu hermana son cosas que te hacen estar muy feliz en casa. Y la compañía de tus amigos, las tonterías del Beca, la sorpresa a Laura, el descubrir los Corralones junto a Páris, Zafra y compañía, el salir por el centro con los italianos a los que les di la charla de Sevilla, son otras que me ayudan a decir “cuando vuelva, tampoco me va a faltar de ná”.

Y como debería ser la protagonista de esta entrada, aunque al final se me ha ido por otros derroteros, volver a Sevilla me alejará de mucha gente a la que quiero, pero me devolverá a estar con la que más paciencia tiene, la que siempre me escucha cuando tengo algo que contarle, la que siempre me cuenta cuando tiene algo que decirme, la que me acogía en su cama de pequeño cuando al mudarnos dejamos de dormir en la misma habitación y a mí me daba miedo dormir solo, la que ilumina con su sonrisa el 22 de Ramón y Cajal…en definitiva, la que con sus 30 añitos ha demostrado que fue, es, y será, la mejor hermana del mundo.

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