Siena

Dándolo todo: parte de Siena XXXVIII

Última comida en la mensa…

El lunes por la mañana el increíble sueño que tengo no me deja estudiar demasiado. Ayer por la noche antes de acostarme leí que el profesor de Matemáticas me había convocado en su despacho a las 10 de la mañana y toca repasarse la horrible teoría matemática. A pesar de llegar a las 10 en punto, no será hasta las 12 y media cuando entre en el despacho. La verdad es que para el resultado que consigo hubiera dado lo mismo más o menos tarde, venir hoy, mañana, que el examen lo hiciera una tortuga por mí…porque vaya tela. En el largo tiempo que estuve me puse a terminar de repasar y sobre todo a escuchar música. Los italianos me veían tan tranquilos con mis cascos puestos que debían pensar “joder qué crack, lo debe de llevar genial”. Nada más lejos de la realidad. Poco antes de entrar al despacho viene un señor al pasillo, con sombrero y pinta de aventurero, mira un papel del corcho, sonríe a todos, me mira, me hace un gesto afirmativo y se va tan pancho. No entiendo lo que acaba de pasar pero bueno. Mi turno. Literalmente es el peor examen que he hecho en mi vida. Me hace unas 4 preguntas a las que no sé responder ni por asomo, ni siquiera con su ayuda. No sólo no contesto sino que lo que digo quiebra las leyes matemáticas y si se diese de verdad aquello que digo el universo se partiría por la mitad. Pero el Karma tiene una deuda histórica conmigo millonaria y de vez en cuando se comporta, así que el profesor, sin muchas ganas que digamos, me aprueba. AFIRMATIVO: acabo de aprobar Matemáticas cuando la veía imposible no, lo siguiente.
El resto de la tarde no me da para mucho de estudio después de la alegría que acabo de tener, así que me levanto a las 5 de la mañana para repasar. Más sueño. Cuando yo me levanto, Víctor se está acostando. Maldito viciado de Internet. La noche antes me despedí de sus amigos y ahora me toca repasar ejercicios. Las cosas como son, estoy viéndolo todo bastante negro. No tengo mucha esperanza de aprobar pero si sólo suspendo esto el año estaría más que bien aprovechado. Llego al aula y Luis ya me ha cogido sitio a su lado. El profesor a su llegada pasa lista y va haciendo bromas con los nombres de todos los extranjeros. Qué cachondo. El problema viene cuando al no caber todos en el aula empieza a nombrar a los primeros de la lista para que se cambien a otra. El tener el apellido Castro implica irme, pero Luis me coge, me sienta y me dice “tú no te muevas de ahí, hazte el loco”. Total, que me quedo y empieza el examen. La cosa no tiene mala pinta, al menos el primer ejercicio de los 3 sé hacerlo. Luis comprueba conmigo el resultado y nos da lo mismo. Para el segundo tengo dudasde algunas cosas, pero parece que puedo medio hacerlo bien. Oh oh, alarma. El examen VA BIEN, y yo no contaba con esto, con todo lo tranquilo que yo venía pensando que iba a suspenderlo de mala manera, ahora con opciones para aprobar me pongo nervioso. El tercer ejercicio tiene un poco de más mala leche, pero la mitad creo que está bien hecha. Cuando queda poca gente, entrego el examen rezando porque no se de cuenta de que soy uno de los que debería haberse cambiado. El profesor me lleva mirando desde que me levanté de la silla y me tiene totalmente enfocado con una mirada asesina. Le sonrío y me salgo del aula antes de que me suelte cualquier cosa.
Me acerco al despacho de la profesora de inglés pero como me esperaba no está. Me siento en las escaleras a esperar su llegada mientras repaso la teoría porque mi intuición me dice que voy a tener que hacer el examen oral de Finanza Aziendale. Pasa HORA Y MEDIA y allí no ha venido nadie salvo un grupo de alumnos que como yo están bastante puteados. Sólo cuando uno de ellos tiene la genial idea de preguntar en secretaría nos enteramos que la profesora llega a las 3 y media. BRAVO. Voy a comer a casa de Luis Palencia y llevo las cervezas que nos vamos a tomar PASE LO QUE PASE esa tarde. Y cuando llega el momento salimos a enfrentarnos a nuestro destino. Voy entrando por los pasillos de la facultad consciente de que puede pasar de todo, entre otras cosas que sea la primera vez que suspenda una asignatura. Primero Luis me acompaña a ver si puedo firmar de una dichosa vez la nota de Inglés, pero hay aproximadamente un millón depersonas que se me han adelantado así que me toca esperar. Andando hacia el despacho de nuestro colega de Finanza nos cruzamos con otro español que ha hecho el examen hoy. Nos sonríe y nos dice “estamos todos aprobados”. Que no cunda el pánico, fijo que es una broma. Vemos la lista de notas. Efectivamente, todos los Erasmus sospechosamente tenemos un 18. Sin ánimo de parecer pretencioso, creo que hasta podría revisar mi examen para ver si tengo más nota, pero no me quiero ir de listo. Todos los Erasmus estamos allí esperando fuera a que el profesor haga algunos exámenes orales y yo mientras voy y vengo cada poco a ver si de una vez firmo mi nota de inglés, pero no hay manera, sigue habiendo miles de personas. En una de mis venidas me llama a mi móvil Luis. “Vente corriendo para el despacho que nos está haciendo entrar juntos a todos los Erasmus. RÁPIDO”. Como una exhalación salgo pitando para el despacho. Cruzo puertas, bajo escaleras de 6 en 6, esquivo gente, tropiezo con profesores, subo escaleras pisando a la gente sentada en ellas y llego sudando y resoplando como un ciclista al final de una etapa. Con miedo a que el profesor se enfade conmigo llamo a la puerta y entre respiración y respiración le explico el suceso. No problem. Cuando cierro la puerta, el profesor empieza a soltarnos un discurso. “Estoy muy desilusionado con vosotros. Me esperaba mucho más y me ha costado mucho poneros un 18 a todos, pero tirando de aquí y de allá y haciendo la vista gorda he decidido aprobaros el examen escrito. Y claro, viendo la situación, seguramente, y no sé si me equivoco, si hiciera los exámenes orales esto sería un desastre, así que me niego a hacerlos a menos que alguien piense que de verdad tiene opciones de pasarlo. Por lo que si estáis de acuerdo, dejamos la nota que está y yo la firmo aquí ahora mismo”. Acabo de aprobar Finanza Aziendale. He aprobado todo en el Erasmus, SOY EL PUTO AMO.
Salgo de esa habitación con una sensación en el cuerpo de “voy a quemar esta maldita ciudad antes de irme”. Luis y yo no nos lo creemos, y después de por fin firmar mi nota de inglés cuando un pesado italiano decide que me deja hueco porque él sigue insistiéndole a la profesora que un 29 no es suficiente y que quiere un 30, me voy a casa para prepararme para la noche. Caen las primeras cervezas en Via del Porrione 55 con Víctor y Luis y después de cenar comenzamos el lote allí. Como siempre, he traído yo los hielos. Se nos unen Patri y el Acho, y más tarde en la Piazza Kike, Christofer Lemon y no recuerdo si alguien más. Consigo un hito que espero que me merezca un cubata por parte deun tal Pablo de Sevilla que consiste en un autógrafo de parte de Aisling O’Boyle, que se nos va ya mañana. El Acho bautiza a una chica madrileña como “la católica” porque según él la vio rezando en una Iglesia en no sé qué viaje. Este grupo se caracteriza porque los apodos salen como la espuma, yo hice dos tortillas de patatas en las dos primeras semanas y ea, Santi Tortillas. O en su defecto como soy deSevilla, Santi Sevilla. O en su defecto como en su día dije mi sueño de terminar metido en política, Alcalde o Concejal de Fiestas. Lo dicho, nos lo curramos mucho. El resto de la noche decae un poco porque en el Café del Corso nos tenemos que despedir de las inglesas. A saber cuándo volveré yo a ver a Aisling, Megan (ayyyyyyyyyyyy Megan…), Francesca & Company. De repente estoy con un sombrero que no es mío. Es de Giorgio, uno de los relaciones públicas italianos que nos ha metido en miles de follones para los exámenes por aquí y que me dice que da igual, que me lo regala. Vuelvo a Sevilla con dos sombreros. Grande.
El miércoles no he puesto el despertador pero algo en mi reloj interno me hace despertarme a las 12. ¿Por qué me he despertado a las 12 sin sueño si ayer me acosté tarde? A ver, escuchemos. No, no hay ningún ruido fuera. No, no huele a gas. No, no hay ningún mosquito en el cuarto. Vale, entonces, ¿qué es? OSTIA, EL ROLLO BUROCRÁTICO. Joder, que las he aprobado todas pero solas esas asignaturas no se van a reconocer en España. Mierda. A toda pastilla me visto y salgo echando leches de casa. A la 1 me cierran todo y si no termino tengo que volver mañana que a saber si voy a poder. Llego a Simona (alias la secretaría de estudiantes extranjeros o yo que sé cómo se llamaba aquello) donde me ponen un sello. Tengo 10 minutos para ir a la biblioteca de la facultad de Economía, que hagan lo mismo y después ir a Nancy (alias otra secretaría del estilo donde me finalizan el papeleo). Cuando voy saliendo de la biblioteca de Economía caigo en la cuenta de que es la última vez que voy a ver ese lugar. Estos días son propicios para ponerse nostálgico por todo, aunque en este momento empiezo a ser consciente de que lo voy a tener muy jodido porque si ya me pongo así por una biblioteca que apenas he pisado pues vamos bien…
Evidentemente a Nancy no llego, así que me toca ir mañana. Como en la mensa con esta gente y más tarde me daré cuenta de que aquella era la última vez que lo hacía. Toca tomarse uno de los últimos cafés en el Porrione. Esa noche Víctor y yo cenamos en casa de Palencia unos chorizos al vino que nos hacen sudar que da gusto. Nos bajamos a la Piazza a beber enfrente de la fuente y nos pasamos por el Café del Corso donde no hay ni cristo.
El jueves se viene a almorzar a casa Luis Palencia. Víctor, él y yo nos comemos unos huevos fritos con patatas y chorizo que por si no habíamos sudado ayer en la cena lo suficiente toma hoy dos tazas. Salimos para ir a Nancy donde nos pilla una cola de decenas de personas que además no avanza. El nerviosismo se apodera de nosotros porque cierra en una hora y si él y yo no solucionamos hoy nuestros asuntos tenemos un problema. Afortunadamente estamos ya dentro de la sala cuando Nancy avisa que sólo los que estén dentro podrás arreglar sus papeleos hoy. La suerte nos ha vuelto a sonreír. Entrego mi cuaderno de notas y en el último momento Julia la hermosa me llama para que le solucione un envío de papeles a España. Camino del Porrione donde me esperan mis amigos para tomar el último café allí, imprimo los billetes de avión…es bastante triste ver escrito en papel lo que representa tu fin del sueño. Después de estar sentados un rato charlando sin ser conscientes de que ése era efectivamente nuestra última conversación en el que ha significado nuestro santuario de charlas y charlas y comentarios de la noche anterior, nos vamos a comprar la barbacoa de mañana. Yo antes me paso por la tienda del Siena a comprarle a mi querido amigo Pablo la bufanda del equipo. Entre esto y el autógrafo de Aisling ya le vale al colega invitarme a un lote en Sevilla. Distribuidas las miles de bolsas de la compra y los 23 litros de vino para la sangría, nos vamos cada uno a casa para prepararnos para la noche, que consiste básicamente en serata in piazza (los de Palencia y algunos más se han ido a la última fiesta en la piscina de la discoteca esa pero yo me quiero jartar de ver la Piazza del Campo) más Café del Corso. En este último sitio somos testigos de un acontecimiento un tanto desagradable cuando un chaval, suponemos que bastante borracho, se cae por el hueco de la escalera del bar y cae 2 pisos más abajo con la cabeza. Morir no se muere, pero sangrar sangra un rato y la ambulancia se lo lleva consciente pero con cara de pocos amigos. Intentamos entrar por última vez en Al Cambio, pero nos despedimos desde la puerta porque no hay ni el tato. Como buen amigo de mis amigos, vuelvo al Café del Corso, para luego tener que ir solo a casa, solamente para despedirme de Hannah que se va mañana. Maldita chavala inglesa con su sonrisa perpetua…
Y llegó el viernes. Último día en Siena. Javi se planta en casa con pan, jamón, tomate, leche y café. Yo no tengo echa la maleta pero decido que le pueden dar un poco bastante por saco y prefiero pegarme un homenaje de desayuno mediterráneo con mi amigo. Nos venimos arriba. “Oye, y esto además habrá que echarle un poco de aceite, ¿no? Y ahora que lo dices…¿no se le puede echar también ajo picao? Y si nos ponemos así una mijita de sal no le vendría mal…” MAMMA MIA que último desayuno de despedida. El café es lo único que falla porque las tazas son volcanes en erupción ya que después de un año aún no he conseguido cogerle el tranquillo a mi microondas. Como era de esperar, la gente para la barbacoa llega MUY tranquilamente y Alessio pregunta que vale que le hayamos invitado a comer, pero que son las 2 y allí todavía no hay nadie. A las 4 la sangría está hecha pero no hay comida. Aún así, el hecho de que esté en un cubo y que haya pajitas gigantes no nos impide hacer competiciones de beber de las pajitas varios a la vez. Poco a poco la gente va llegando y los hombres sin camiseta van preparando el fuego. Ni qué decir tiene que nos jartamos de comer y de beber. A eso hay que sumarle el puro Criollo que nos fumamos Javi y yo como despedida y fin de exámenes. Alessio y su amigo gordo se nos unen a todo sin pagar un duro pero bueno, al menos nos enseñan un juego de beber que lo llaman el bautizo sienés y que no podemos jugar del todo bien porque el acho va ya más liao que Boris Yeltsin. La tarde empalma con la noche y a punto está Víctor en cierto de momento de quemar todo el maldito bosque porque sale una llamarada de la barbacoa que ni el Coloso en llamas. Aún así no hay que lamentar daños materiales y yo la fianza al día siguiente la pude recuperar.
Justo a las 12, que es cuando nuestro casero nos había dicho que tú sabe mamona pero que es mejor irse, limpiamos y echamos cierre a la jornada en mi casa. Llevamos el cubo con nosotros que pesa un quintal y por el camino nos despedimos de Noelia que la pobre por unas y otras circunstancias no había podido estar en la barbacoa y se ha pasado solamente para eso. Después, hacemos la última parada en Via del Porrione 55, piso 2. Te pones a mirar a un lado y a otro y solamente te llegan recuerdos. Para Víctor y para mí esa casa de mala muerte ha sido nuestro segundo hogar. Al maldito Joe no se le ocurre otra forma de que nos despidamos de allí si no es tomando un chupito de ron. El chupito se lo toman ellos porque a mi no me llega ni a bajar por la garganta y lo escupo al más puro estilo Steve Urkel. El momento que tenía su parte de sentimental se convierte en un maldito descojone por mi culpa. Intentamos ir a la fiesta de Economía pero se terminaba a la 1 y no llegamos. Al menos el ir para allá me sirve para despedirme de varios Erasmus españoles entre ellos aquella chica que se iba a venir de Séneca para Sevilla y que es el amor de mi vida. Nuestros hijos serán guapos e inteligentes… Y ahora sí, porque tarde o temprano tenía que llegar, toca pasar la última noche en la Piazza, al menos como Erasmus. Por mucho que nos acompañe el cubo de sangría la situación no es nada entretenida y prefiero rebobinar hacia adelante en la noche y decir que gritar la palabra “golfa” a diestro y siniestro en Italia es divertido porque sabes que nadie te va a entender, pero tarde o temprano pasa alguna española que se gira con cara de pocos amigos y que coincide que conoce a uno de tus amigos. FAIL. Vuelvo a casa con un grupo de gente que quiere quedarse a dormir en mi casa por aquello de que es mi última noche. No, con ninguna de las féminas tenía opciones de nada, pero es muy bonito que te quieran acompañar así. El problema es que ir cantando canciones de Mecano a viva voz cuando pasa un coche de los Carabinieri hace que se pongan nerviosos y te pidan que bajes el tono. Qué pena, yo que quería probarlo todo en Italia incluyendo el pasar una última noche en el calabozo, lo cual hubiera sido bastante épico. Pero no, llegamos a casa y mientras intento terminar de hacer la maleta esta gente se sienta en mi patio a charlar. Pero el sueño llega a sus vidas y al final en vez de quedarse deciden volverse a casita. Yo me caigo de somnolencia y decido levantarme temprano para terminar de hacer el equipaje. Como hay miles de mosquitos y moscas en mi habitación que me van a dar mucho por saco, me voy a la habitación de Víctor para pasar la última noche en el mismo cuarto durmiendo con él y con Luis Palencia.
Pero sin mariconadas.
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