Siena·Viajes

Dándolo todo: parte de Siena XXVII

Ehhh…me cago en Cristiano y Mourinho.

El martes 19 de abril abro los ojos y pienso “dónde leches estoy durmiendo”. Pasados unos segundos de incertidumbre, escucho la voz de los murcianos cerca y reestructuro mi cabeza: estoy en Pisa. Desayunamos improvisadamente de una tienda de moros (sin ánimo de parecer ofensor hacia culturas diversas, pero es verdad, eran moros) y vuelvo a ver la Piazza dei Miracoli y decenas, cientos, miles de personas sujetando la dichosa torre. Las niñas evidentemente se hacen la foto de rigor y los niños nos dedicamos a hacer fotos a los que hacen fotos. En la estación de tren perdemos por 10 segundos un tren y tenemos que esperar media hora que aprovecho para conocer más de la vida del murciano a través de la voz de la experiencia: sus compañeros de juerga. Tampoco es que me cuenten nada nuevo, estos meses deErasmus han dado para mucho. Ya en Siena comemos en casa del acho y yo dejo que recuperen la respiración de haber subido sus 4 pisos y así de paso me voy a tomar un poco el sol al césped de detrás de Santa Ágata y veo al resto. Resulta que esta semana tenemos a una repetía en el grupo. REPETÍA: dícese del término empleado en mentar a aquella persona que por motivos naturales ha salido del vientre desu madre exactamente igual y el mismo día (o no, depende de la duración del parto) que su allegado. Esto se da porque Julia tiene la visitade su hermana gemela Ángela. No sólo son iguales en TODO, sino que uno de estas puertas típica de películas al estilo Misión Imposible que se abren por la voz no dudaría un segundo en concederle la venia a ambas. En fin, les cuento un poco mi viaje por Dublín y les digo que no cuenten conmigo hoy, que tengo que descansar que mañana llega mi familia. Si Julia de por sí tiene poder para conmigo por aquello dellamarme “hermoso” cada dos por tres, si lo hace además su doble ni te cuento, así que al final caigo y me toca pasarme esta noche con un par de cervezas por casa del murciano. Antes he intentado ordenador un poco mi cuarto y mi vida en general después de Dublín, lo que se resume en meterme en el Comunio para comprobar que me hundo cada semana más y poner alguna lavadora. De la noche poco hay que contar, estamos un rato tranquilamente en el último piso del rascacielos del murciano al que hay que llegar sin ascensor y después vamos Al Cambio, donde no vienen los murcianos (qué mariconas) porque dicen que están cansaos. Demuestran automáticamente que no son Erasmus.
El miércoles me levanto para dejar todo listo para mis invitadas, mi hermana Carmela y mi prima lejana Nuria. A mis padres los he largao a un hotel de mala muerte al lado de mi casa. El caso es que después de haber hecho un poco de compra para la ocasión (Nesquik, servilletas, camas…lo típico que no sueles tener en casa hasta que llegan visitas, vamos), y de haber dejado más o menos todo listo, me pongo delantede la cocina, me remango, y le digo “según el mensaje que me ha enviado mi hermana tengo una hora hasta que lleguen. Cocina: tú y yo. Ahora. En la calle”. En ese momento llaman a la puerta así que tengo que dejar el combate para más adelante. Abro y hay una personilla bajita, con gafas, con pelo rubio tirando a blanco y con pinta de ser de pueblo en la puerta sonriéndome. Juraría que es mi madre. Y la cocina sin lavar.
¡OUCH!
La sorpresa es evidente aunque sé que no me libro del comentario de “pues la cocina la podíais limpiá una mijina” con tono de retintín de mi madre, así como su mirada estilo escáner que busca cualquier imperfecto en mi habitación para después hacer un leve gesto de cabeza mientras mantiene los brazos en jarras y murmura “buee, no está má”. De todas formas tanto saludo y abrazo y beso a las 3 niñas que han entrado en mi casa me impide percatarme. Mi padre se ha quedado fuera que no sabe qué hacer con el coche, así que salgo a saludarlo y yade paso le presento a toda la people a Alessio, Lena & Company que estaban fuera tomándose un café. Deben de pensar que los españoles estamos medio sordos y que estamos un poco alelaos, porque entre los gritos de mi madre de “YO SOY LA MADRE DE SANTIAGO” (acompañado de espaventaciones gestuales) y los de mi hermana que no para de repetir 800 veces “IO SONO LA SORELLA DI SANTIAGO” (más espaventaciones) pues tienen que estar flipando. El culmen a la imagen de familia lo tiene que poner mi padre que resulta que puso (ojo con lo que voy a escribir) A JUYE QUE TE ARCANZO en el aeropuerto un candado de estos con números a la maleta y ahora resulta que no se acuerda bien de la combinación (cosa que él en su divina perfección achaca a un defecto de fábrica del candado). Así que salgo a pedirle unos alicates o algo a Giancarlo para arreglar el desaguisado y él, como es toscano y por ende, muy bruto, me da un martillo. Pero pá chulo él, pá chula mi hermana (donde se ponga una sevillana…) que se ve que se ha convertido en mi ausencia en Hulk con las pesas de mi cuarto y ha abierto ella solita la dichosa maleta. Maldita crack. Así que así dejamos mi casa camino del hotel para hacer el check-in, con una imagen de familia perfectamente española que no para de dar gritos, gestualizar, repetir mucho las cosas, hacerlo tododeprisa y corriendo sin pensar en las consecuencias y arreglarlo todo “por mis santos cullons”.
En el hotel cuando hago el check-in descubro horrorizado que no han podido reservarme la habitación que les pedí especialmente para mis padres y que estaba en el sótano de las calderas, sin vistas, con un colchón encontrado en el vertedero y un nido de ratas por allí. En su lugar les han dado la maldita mejor habitación del hotel y tiene unas vistas increíbles a la Toscana y Siena y una cama 4×4 en la que uno tiene que llevar GPS pa encontrarse. Finalizado el ritual de comprobación del estado de la habitación de mi madre (creo que me merezco aparecer en el Guinness de los Récords: mi madre LE HA DADO EL VISTO BUENO) salimos a ver la ciudad. Por si os estabais haciendo la pregunta, sí, les hice el mismo recorrido que a todo el mundo. Con la salvedad de que en la Basílica dei Servi había unos ensayando con banderas para el Palio y en la mensa unos niños con tambores que me hacen trasladarme a la Semana Santa de Sevilla que por cierto es esta seman…NO, NOOO, esta semana a todos los efectos Sevilla y todas sus tradiciones festivo-religiosas NO EXISTEN PARA MÍ. En la Piazza del Duomo hay un hombrecillo que me hace tener pesadillas con los juegos de mesa, el Comunio y especialmente con el Madrid y que me digo “joé, que pronto lo tuve que encontrar al jodío”. Allí está mi amigo Ale Durán con toda la familia al completo que acaban de llegar hace poco a Siena, cosa que yo sabía, y que por desgracia esta noche verán el partido conmigo (sobra añadir que son todos madridistas y muy toca pelotas). Mientras nos están explicando que están recorriéndose cada año una de las 7 Maravillas del Mundo y éste tocaba el Coliseo y ya de paso pos cae una visitilla por toda Italia (yo soy así, sólo me junto con gente DER TACO) sale una especie deprocesión del Duomo y se mete en un edificio de enfrente al que nunca había entrado y resulta que es una capilla de la ostia. Lo dicho, aquí el más tonto construía una iglesia. Nos despedimos hasta más tarde y yo prosigo como guía. Como último plato turístico les enseño la Piazza del Campo. A cada paso que damos por Siena me doy cuenta de la suerte que he tenido en que me toque esta ciudad medieval de la Toscana.
En la calle de tiendas nos paramos a la hora a la que muchas veces estoy merendando en Sevilla para cerendar (SÍ, HABÉIS LEÍDO BIEN, ACABO DE CREAR UNA PALABRA QUE MEZCLA “MERENDAR” Y “CENAR”). Lo hacemos en el Café del Corso, sitio que yo frecuentaba sólo para ubriacarme, como dirían los italianos, y refrescarme el gaznate, como diría Homer. El caso es que no se cerienda mal, pero vamos a lo que vamos que ya son casi las 9 y hay cierto partido que tenemos que ver. Mi amigo Javi ha reservado una sala en la Birrería de la Plaza para nada menos que 23 personas. Nos juntamos: mi grupo de amigos normal y corriente de Siena menos aquellos que están fuera por razones varias; los 4 amigos del murciano; mi amigo Ale y toda su familia, aunque al partido sólo se quedan los machos y el padre, es decir, 5 en total; la hermana gemela de Julia; y mi familia, que somos también unos cuantos. Entramos en el local explicando quiénes somos y nos hacen pasar por una encrucijada de pasadizos que desde fuera nadie diría que hubiese, y de hecho parece que nos fuesen a encarcelar bajo tierra allí, hasta que llegamos a la sala donde curiosamente están cenando Ale y su familia. Mientras avanzan los minutos va uniéndose gente hasta que comienza el partido.
Ehhhhh…quién es ese equipo y que han hecho con el auténtico Madrid. Mientras sufro estoicamente los embistes de lo que ahora parece que son cientos de madridistas que me rodean, voy dándome cuenta de que esto no tiene buena pinta. No la tenía antes de la final por aquello de que los favoritos al final nunca lo son, y ahora la tiene menos. En el descanso de la primera parte mi padre, por caballerosidad para-con mi señora madre, abandona el barco y me digo “mierda, con lo gafe y madridista que es seguro que gana el maldito Mourinho”. Qué razón tenía…pero no sin antes haberle hecho un moratón increíble en el brazo a Ale, que lo tenía apoyado detrás mía, cuando salté a celebrar el gol anulado al Barça. Cuando pita el final el árbitro, mientras yo aún intento trazar un plan para asesinar a Cristiano y sobre todo Mourinho, felicito a los madridistas. Como tengo que buscar una excusa como sea para levantar el ánimo ya que están aquí mi hermana y mi prima y tienen puestas muchas esperanzas en mí, decido que lo mejor es alcoholizar el ambiente en general. Así que con Ale y Santi, unode sus hermanos, que son los dos únicos Duranes que aguantan hasta el final, vamos al Porrione a pedirnos unos cuantos cubatas para llevar y sentarnos en la Plaza con mis amigos. Echamos unas risas curiosas con Ale y Santi que tienen un día realmente sembrao, y además conocemos a una española que estuvo aquí de Erasmus hace 14 años y que ha terminado casada con un italiano que conoció aquí. ¿Me esperará a mí el mismo destino, sólo que en su caso con una italiana al estilo Monica Bellucci? No lo descarto. Como última descripción de la noche, merece mención un momento mágico por parte de Patri. Resulta que hay un tal Julio, chico español que acaba de llegar a Sienaen el 2º semestre, que conoció a algunas niñas del grupo, y desde el principio se encalomó a nosotros pero no es que nos caiga demasiado simpático e intentamos evitarlo. Pues Julio llega por allí, se pone a hablar con unos cuantos y se queda, sin que por lo visto se percate de su permanencia Patri. A esto que a los 2 minutos de que haya llegado, pensando (eso esperamos todos) que se había ido, y con el mismo Julio a sus espaldas hablando con el resto. Y entonces el comentario que salió de su boca, sin mucha silenciosidad fue: “pero el capullo éste, ¿qué hacía aquí?”.
El jueves desayunamos en casa sin azúcar (me encanta mi previsión a la hora de hacer la compra el día de antes justo para este momento). Después cogemos el coche y nos vamos a Pisa. Vemos la Chiesa della Spina abierta, cuando mi amiga Espe había dicho que era una iglesia que sólo abría 3 veces al año. O soy el tío más afortunado del mundo o ese horario de apertura de los diferentes días de la semana que está puesto ahí delante desmiente todo lo dicho por mi amiga. Ya en la Piazza donde se reúne básicamente todo lo importante de la ciudad (genial, segunda vez aquí en 2 días) por lo menos entramos en sitios donde no lo había hecho además del Duomo, que son el Baptisterio y el Camposanto. Todo mu potito. Llevo a comer a mi familia, como si fuera todo un experto de esto, al sitio donde almorcé la otra vez con Espe y, por no innovar, repito plato. Y para innovar tampoco nos encamino a Lucca por la misma carretera de cuando fui con mis amigos. Cuando aparcamos damos un paseo por encima de la muralla donde, como hace buen día, hay niños jugando, parejas paseando, gente corriendo y en bicicleta a lo verano azul, pájaros cantando…qué malditamente idílica es la Toscana, coño. De la ciudad vemos más o menos lo mismo que la otra vez, pero con la diferencia que esta vez descubro que lo que nosotros pensamos que era el Duomo en realidad era la Iglesia de San Michele y el Duomo está en otro lado y no veas lo bonito que es. Además nos pilla una misa de Jueves Santo donde un cardenal (u obispo, vete tú a saber) me bendice desde lejos porque ve que he cogido un papel que había por allí y estoy cantando en italiano la canción de introducción. Yo le devuelvo el saludo y le bendigo a mi manera. Volvemos al coche y de camino a Siena mi padre, improvisadamente, se mete en la desviación hacia Pistoia, capital mundial de la pistolas. Todo porque cierto amigo del trabajo le recomendó visitarla. Hombre, la ciudad o lo que fuera aquello no tenía mucho, pero se dejaba ver. En Siena se nos ha hecho de noche al llegar y con las horas que son un jueves de Semana Santa no se me ocurre donde cenar, pero después de dar varias vueltas cenamos en un sitio que hacía hoy aperitivo y la pobre camarera, que tiene toda la pinta de ser rusa y, por ende, comunista, nos dice que lo que hay encima de la barra lo podemos coger porque lo ha cocinado ella y si no se lo come nadie lo va a tener que tirar igual. Lo que no nos esperábamos ni mi padre ni yo es que era una trampa para hacernos beber como cosacos porque hay un pan que tiene untada una cosa roja que no es que pique, es que te erosiona la garganta. Al llegar a casa, antes de acostarme Alessio me dice que si vamos en coche realmente tenemos que ir a cierto sitio llamado San Galgano.
El viernes ya si que no aguantamos y nos vamos a desayunar cerca de mi casa a un sitio que hacen las pastas caseras. Cuando terminamos les pregunto a mis padres que si confían en mí y aunque la respuesta evidente es que no, yo les digo que el que dirige soy yo y que tengo escrito como llegar desde aquí a San Galgano patrocinado por Google Maps. Empezamos desde mi casa y cuando la primera indicación dice que hay que coger una calle, esa calle es dirección prohibida. Piau piau. El planning ha durado 30 segundos. Estoy a punto de tirar la toalla pero les digo “no, vamos a improvisar que soy como Indiana Jones, nací para este tipo de momentos”. Mi sentido de la orientación e improvisación es LETAL y, con ciertos giros de 180 grados en el camino y nerviosismos varios porque la carretera secundaria no parecía que nos llevase a ningún sitio, llegamos a San Galgano. He decidido adjuntar solamente fotos de allí porque realmente es un sitio mágico.
Cuenta la leyenda que en esta pequeña localidad a varios kilómetros de Siena vivía un tal Galgano que tenía una vida un poco pecaminosa. Un día se le apareció un Arcángel y le dijo que por favor dejase esa vía y acogiese a Dios en ella. Él le dijo que nanai, que eso iba siendo mayormente imposible y que sería como si una espada se clavase en una roca (expresión que más tarde sería transformada en “cuando las ranas críen pelos”). El Arcángel, que debía ser sevillano, le dijo “pa chulo tú, pa chulo yo”, le dio una espada y le incitó: “venga listo, a ver qué haces”. Y efectivamente clavó la espada en la roca. Años más tarde vinieron unos turistas ingleses y se dijeron “oye, ¿y si montamos una leyenda a nuestra manera y en nuestro país sobre unos jipis alrededor de una mesa redonda y esta espada?”. También a un Papa le dio por santificar al juerguista de Galgano. El caso es que en San Galgano hay dos cosas nada más, aparte de un paisaje espectacular y un ambiente de paz y tranquilidad que no se cree que el tan Galgano ese pudiera liarla parda por esos lares hace 1000 años: una basílica derruida y sin techo pero que debía ser preciosa, y una ermita en lo alto de una colina donde está la espada del colega. Y todo en medio dela nada y rodeado de cipreses muy bien puestos. Lo he triunfao como los chichos, hemos llegado perfectamente, hace un día precioso y nos tomamos un vinito de la región en un bar que han instalado allí a la honra de nuestro amigo Galgano (¿soy el único que piensa que el nombre es un poco raro?). Con menos incidencias llegamos más o menos una hora después a Volterra. Comemos en un sitio donde, aunque la comida no es muy buena, el camarero nos cuenta su vida en castellano porque estuvo casado si no recuerdo mal 25 años con una española y le encanta nuestro país y sobre todo el sur. Despachada la ciudad vamos a San Gimignano donde cae un helado reglamentario en el sitio que es campeón del mundo por no sé cuántos años seguidos. Por última cosa del día nos pasamos por Monterriggioni. Está atardeciendo y no nos bastaba con haber visto 4 sitios diferentes sino que además nos sobra tiempo para pasarnos por el Coop y hacer la compra del mes subvencionada por mis padres. Hacemos una cena todos juntos en mi casa y a mimí.
El sábado vamos primero por la mañana a ver el Duomo de Siena y como broche final la verdad es que no está mal. Se despiden de la ciudad y nos vamos a Florencia. Allí vemos lo típico que hay que ver, aunque se suma una Iglesia, la de la Santissima Annunziata, que nunca había visto y donde mis náuticos hacen un ruido infernal en un lugar muy silencioso y con miles de personas rezando y acordándose demí en sus plegarias. Hacemos un amago de ver el David de Miguel Ángel pero la cola nos invita a marcharnos educadamente. Toca el momento de despedirse de la familia en la estación de tren hasta verano. No los veo demasiado preocupados, se ve que se lo están pasando pipa sin mí en casa, malditos. Cuando llego a Siena, las ganas que tengo de subir la cuesta de la estación al centro son pocas, así que voy a coger el autobús. Me encuentro con un grupo de luso parlantes que se ven un poco perdidos y en mi increíble portugués les oriento sobre lo que tienen que hacer. Me cuentan que son de Brasil y que están haciendo un tour por Europa de 2 semanas más o menos. Gente con taco.
Al llegar a casa, según recuerdo, me tiré en la cama a descansar y pensé: mierda, y mañana llega Carlos…
San Galgano (2)
San Galgano (3)
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