Siena·Viajes

Dándolo todo: parte de Siena XX

Tranquilos: he vuelto de una pieza de los carnavales de Venecia.

El lunes me despierto y siento cierto cosquilleo por todo el cuerpo. Hay algo que me hace levantarme y poner el himno de Andalucía. Me siento orgulloso de ser cantor, embustero, gustarme el juego y el vino y tener alma de marinero. Veo todo verde y blanco (y no por haberme vuelto del Betis) y me dan ganas de irme de Romería, montar a caballo y beberme unos finos mientras bailo sevillanas. Dios, ¿qué me pasa? ¿Qué ocurre? ¿28 de febrero? Ahhhh vale, ahora lo capisco. Hoy es el día de la madre patria, viva Blas Infante coño. Después de comer en casa me llama el Abuelo (apodo cariñoso que le tenemos a Alberto el de Sigüenza), que está tomándose unos cubatas con Víctor en el centro celebrando que ha aprobado el último examen de la carrera y sólo le queda el proyecto. Camino del centro veo a Alessio, que ha vuelto de su viaje por Alemania y nos fastidia la fiesta que teníamos pensada esta noche en conmemoración del examen pasado por el Abuelo. Bueno, ya arreglaremos algo. Me uno a estos dos, me tomo un ron-cola (la camarera nos pregunta “¿tan temprano?” y la respuesta es “y lo que nos queda”) y después me voy al gimnasio que no tengo ganas de que me líen. Antes, hemos liado al murciano para que nos deje su casa para montar la fiesta. Y estamos a lunes.
Después de cenar en la mensa vamos toda la trupa a casa del murciano, que sus coinquilinos se han mudado a otro piso y a falta de nuevos compañeros estará solo una temporada. Bautizamos su casa como centro social oficial de Siena. El Abuelo ha puesto el dinero para las bebidas, que nos invita, y nosotros ponemos la presencia y las ganas de fiesta. Desfasamos en gordo la casa del murciano, aprovechando que está sola: hay congas, saltos encima de las camas, amagos de striptease, peleas de almohadas, manteos al murciano y al abuelo, lanzamiento de zapatillas al aire, disfraces improvisados varios…y repito, estamos a lunes.
El martes mientras todavía estoy en la cama escucho que ha llegado Lena, la novia de mi coinquilino italiano, que va a quedarse aquí unos días. Es un día tranquilo en el que lo más significativo es que me compro unos billetes para ir a Dublín y que por la noche veo “El golpe”, de Paul Newman y Robert Redford. Gracias a la película urdo un extravagante plan para asaltar la sede del Montepaschi aquí en Siena. Nadie podrá detenerme.
El miércoles nos tomamos un café por la tarde en nuestro querido Porrione y preparamos qué hacer por la noche. Cenamos en “Casino Royale”, como hemos apodado a la casa del murciano ahora que está solo, perritos calientes caseros. Luego estamos un rato con música y haciendo tiempo hasta ir al rectorado, que se ha organizado una fiesta se supone de bienvenida a los nuevos Erasmus. No hay tanta gente como recuerdo hubo para la fiesta de Halloween, pero me sobran amigos con los que hablar. Pero pasan de hablar conmigo cuando descubren que hay un concurso de beber cerveza en el que se sortean 4 puestos para el Evento Nazionale (por cierto, salió la convocatoria y pasamos de pagar: son más de 300 € y como que NO). Obviamente no se regalan, simplemente se les asegura a los ganadores que podrán ir seguro si pagan, lo de seguro es porque como hay pocas plazas de todos los que paguen se sortearán los puestos. Traduciendo: irán 25 hembras bien dotadas y 5 machos, teniendo en cuenta que el grupo Erasmus está formado por 15 hombres y 4 mujeres y que lo de “sortear” los puestos seguramente no lo hagan. Mis amigos, a pesar de que no quieren los puestos, tiene mucho honor y metidos en faena se lo toman en serio, y obviamente, como son españoles, ganan. Les regalan unas camisetas y champán. Se desfasan. Qué gran noche.
El jueves no salimos porque el fin de semana promete tener tela, y hacemos los preparativos para los carnavales. Yo utilizo en el gimnasio por primera vez la cinta de correr. Oye, qué gran invento, cómo te hace sudar esto. Por la noche veo el Madrid a medias, me da pena el Málaga.
El viernes suena el despertador a las 7 y media de la mañana y me encanta, la motivación de ir a los carnavales es demasiado. Me hago unos bocatas para el almuerzo, que esto es el Erasmus y aquí no regalan el dinero. En la plaza donde hemos quedado para salir con el autobús nos reparten unas camisetas del grupo Erasmus, que yo a diferencia de mis amigos borrachos, al no participar en la competición debeber cerveza no tenía. Ya tengo camiseta para salir de fiesta por Sevilla a mi regreso. Lo voy a partir. El camino en bus es de unas 3 horas y media o puede que más, yo como me pasé la mitad durmiendo me importó lo que viene siendo poco. Además vamos en el autobús pequeño de los 3 que salen y somos el más tranquilo seguro, no tenemos al típico toca pelotas que se pone a cantar y a dar el coñazo. Debe haber un anticiclón impresionante encima de Italia porque cuando salimos de Siena hacía un día impresionante de sol y al llegar a Padova más de los mismo. Buena señal. El hotel es el Sheraton de 4 estrellas de la ciudad, está a las afueras y no te veas qué nivel. Eso sí, en mi grupo somos 10, las habitaciones son de 3 y uno se tiene que ir a una habitación con otra gente. Obviamente iréis intuyendo que tuve que ser yo. Como me toman en mi grupo por el sociable y el “gestionador” me dicen que soy el más apropiado para abandonar la casa de Gran Hermano. Serán cabrones. Ahí que os den. Menos mal que me tocan dos chavales muy buena gente (ya podrían ser dos chavalas, joder) y muy tranquilos que no van a meter la fiesta padre en mi cuarto seguro. Uno de ellos se llama José Manuel y resulta que no es Erasmus en Siena, está aquí solamente una semana, ha venido a ver a su amigo, nuestro otro compañero de habitación, y le han dejado venir a los Carnavales previo pago de la tarjeta Erasmus. No me cabe duda de que sólo con este viaje la va a amortizar. Bienvenido a la facultad de Historia del Arte, le digo. Me dice que realmente él sí estudia Historia del Arte, dejándome tó tirao. Mentira, esta conversación no se mantuvo, pero hubiera quedado bien y tenía ganas de meterle chicha a esto. Por cierto, este chaval está de Erasmus en París y conoce a mi amiga Páris y a Manaute. Les mando un saludo a través de este correo antes de que lo haga el chaval en persona.
Después de dejar las cosas en las habitaciones volvemos a coger los buses para ir a Verona. Una ciudad muy bonita y supuesta sede de la historia de Romeo y Julieta. Mentira, según creo, pero los turistas van muy ilusionados, así que para qué les vamos a fastidiar el cuento. Lo primero que hacemos es entrar en el tercer anfiteatro más grande de Italia, la Arena de Verona. Yo me flipo acordándome de Gladiator. Después damos una vuelta por el centro, atestado de gente disfrazada y de cabalgatas porque no sólo Venecia tiene carnavales. Como el 102% de los turistas que van a la ciudad, entramos en la supuesta casa de Julieta y vemos su balcón. Después de decir que Hitler era comunista, ésta podría ser la segunda mayor mentira de la historia, al fin y al cabo cómo carajo va a ser la casa de Julieta si Julieta es un invento de Shakespeare, a ver, listos de Verona, qué carajo me estáis intentando contar. No pagamos por entrar en la casa en sí, nos quedamos en el patio y escribimos en la pared donde escribe todo el mundo un corazón con su amor. Nosotros estamos enamorados entre nosotros, así que nos ponemos todos en un corazón. Qué potito. También vemos la tumba de Julieta (lo dicho, qué absurdo) y el Duomo. Cruzamos el puente de Verona, y después de pasear un rato entramos en un local cubano donde nos sirven un buen ron. Qué echaba demenos el Legendario. Esa noche, después de llegar al hotel y ducharnos, empezamos la fiesta en los cuartos, de sibaritas, que al ser hoteles americanos tienen la típica cubitera en cada planta en la que cada uno se sirve con un cubo. Salimos andando a una discoteca cerca del hotel donde ponen una música chulísima. Aún así, nos vamos temprano “a casa” que mañana toca Venecia y queremos estar descansados.
Me despierto con dos cafetazos en el desayuno del Sheraton, unos huevos revueltos con bacon, unos mini bocadillos de salami, jamón york y queso y un tazón de crispies. Además me voy de pillo, dicho con acento argentino, y me hago 3 bocadillos para el camino. No saben con quien están tratando. Lo mejor es que he disfrutado mientras desayunaba de la presencia en la misma mesa de enfrente mía del grupo de 7 suecas, como las he llamado, a pesar de saber que seguramente no haya ninguna sueca, pero que son 7 rubiazas llamativas muy bien puestas, amigas todas, que han venido juntas al viaje. Además de los dos cafés del hotel me tomo en la estación de tren donde esperamos a coger el que nos lleve a Venecia un red bull. Mi corazón va a ritmo de música de acción de Bruce Willis. Cuando nos montamos en el tren, automáticamente nuestra ropa se cambia por unos pijamas a rayas, se nos queda la cabeza rapada y nos volvemos todos judíos. Aquello va lleno y estamos hacinados como si fuésemos a Auschwitz. Pero menos mal que en menos de una hora vemos agua e intuímos que debemos estar ya en la ciudad de los canales. Hemos llegado a Venecia. Ahora puedo llamar a una morsa para que me recoja e ir al trabajo, yuju (chiste fácil y malo de los Simpsons).
El día que hace es impagable, aunque lo que es impagable sería un complejo hotelero para tantísima gente que hay en Venecia. Madre de Dios… Sólo os diré que de la estación de tren que se supone está medio en el centro de la ciudad, a la Plaza de San Marco, tardamos una hora. También es verdad que tenemos la teoría de que quien puso los carteles que te hacen llegar a la famosa plaza quería que dieras mil vueltas antes y pasaras por todas las tiendas de máscaras habidas y por haber. Eso sí, la visión de la ciudad que estamos teniendo es preciosa, nos conocemos todas las callecitas y todos los canales, que es lo bonito. Por cierto, sí, por supuesto vemos los disfraces decarnaval típicos venecianos (véase foto adjunta), lo malo es que de 20.000 personas que hay en una calle, dos van disfrazadas y las 19.998 restantes son turistas que no paran de hacerles fotos. Por fin llegamos a la Plaza de San Marco. No es por ser macabro pero allí podría haber el atentado más jodido de la historia si alguien se lo plantease, pero menos mal que al menos decide no hacerlo cuando estoy yo. Nos planteamos durante 2 segundos entrar en la Catedral de San Marco, pero sería perder la tarde entera en la cola y pasamos del tema. Salimos al muelle al lado de la Plaza y vemos el famoso Puente de los Suspiros, que por cierto como muchas veces ocurre con las cosas más típicas, menuda mierda. Comemos por ahí (los bocadillos que me hice no sacian mi hambre perruna) y tranquilamente vamos al Puente Rialto, aunque por el camino entramos en no sé qué iglesia muy bonita. Nos sentamos al sol un rato a contemplarlo y ver pasar góndolas. Muchas de ellas tienen a gente con los disfraces típicos y tocando violines encima. Definitivamente, esto no es normal, el ayuntamiento deVenecia tiene que subvencionar este tipo de cosas, qué grupo de amigos decide comprarse un traje de 1000 €, comprarse un violín de 500, asistir a un curso para aprender a tocarlo de 600 y pagar una góndola de 100 € para subirse y tocar por los canales. Me imagino haciéndolo y me digo “cuando tenga dinero, lo haré”. Cruzamos el puente, odisea que nos cuesta 20 minutos de nuestro precioso tiempo a pesar de que es la tercera parte del Puente de Triana, y vamos a la estación de tren. Nos da tiempo a sentarnos a descansar y a comprarme una máscara veneciana relativamente bonita (véase foto adjunta). También vemos un baile de máscaras en mitad de la calle. Por supuesto era totalmente espontáneo, no estaba organizado, estos venecianos están mal de la olla. Entro en una iglesia preciosa (soy el tonto de las iglesias cuando las veo abiertas y gratuitas) y nos encontramos con el Abuelo que ha venido a Venecia por su cuenta con sus amigos de España. Mira que Venecia es grande y tiene estos días gente, pero entre esto y que esta mañana nada más bajarme del tren me encontré con mi amiga Espe, de Erasmus en Pisa, que había venido con dos amigas de Sevilla a pasar el día en la ciudad, el mundo es un maldito y pequeño pañuelo.
Por la noche, de regreso en Padova, nos llevan a cenar a un restaurante con Pizza. Somos más listos que nadie y nos plantamos los primeros al entrar porque ya me diréis, siendo unos 130, cuándo leches va a comer el último que pida. La noche se plantea abierta a todo detipo de alucinaciones y posibilidades macabras. Teniendo en cuenta que para cenar hemos pedido una cerveza, que después los del grupo Erasmus dejan en nuestra mesa 4 botellas de vino, que nosotros nos bebemos entre 6 una botella de ron que nos sobró de ayer, que al salir del restaurante los del grupo Erasmus nos dan varias botellas de Limoncello (estos tíos están flipaos, pero qué pretenden, ¿matarnos?) y que en la discoteca que vamos hay incluidos dos cubatas y una cerveza, acabo la noche acordándome de todo y vocalizando perfectamente. Desde luego acabo mejor que la chica española que tienen que sacar entre varios de la discoteca y que acaba en el hospital. Tranquilos, al día siguiente estaba bien, aunque escuché que había perdido la chaqueta, la cartera y los zapatos. Seguramente habría perdido más cosas pero no lo quería reconocer. La discoteca a la que vamos es una carpa gigante montada en mitad de un descampado del centro de Pádova en la que sólo pueden entrar Erasmus. Nos habían dicho de vestirnos de romanos, y de los 130 que vamos se han disfrazado 10 como mucho, aunque nada más llegar al sitio nos arrepentimos, porque comprendemos que la temática de la fiesta eran los carnavales y de las 10.000 personas de la fiesta, 120 van sin disfrazar, y adivinad quiénes son. La vuelta ocurre sin incidentes en el último bus que nos tenían habilitado, aunque el conductor se pone nervioso con el murciano y todavía no sabemos por qué.
El domingo, después de recoger las habitaciones, nos dejan en una plaza enorme de Pádova. El día que hace es de sol y hasta algo decalor. 3 días seguidos así, algo malo tiene que pasar…Yo creía recordar haber estado este verano con mis padres aquí, pero no me suena nada, y cuando vine yo creo que no había bebido nada. Los chicos del grupo Erasmus de la ciudad nos hacen un tour por los sitios más importantes con relatos históricos incluidos. Entramos en una de las basílicas más bonitas que recuerdo, la de San Antonio. Aquí en Italia lo dicho, el más tonto hacía una obra de arte allá por esa época llamada “antigüedad”. Definitivamente yo no estuve aquí, me acordaría detodo esto. Cuando nos dejan tiempo libre, mis amigos se van al super a comprarse algo para comer y yo de bohemio me voy solo a ver el Duomo, aunque duro 3 minutos, lo justo para comprobar que si no nos han llevado es por algo y además para ver que estaba cerrado. Volviendo a encontrarme con mis amigos, decido quedarme con los italianos del grupo Erasmus y así hablo italiano. Además me encanta que las niñas del grupo Erasmus no paren de lanzarme piropos de que si soy el que mejor habla italiano de todos los españoles, que la barba me queda genial, que si no parece que tenga 21 año, que si mi cama seguro que es la más grande el Erasmus y seguro que caben 4 o 5 personas juntas…eeehhhh claro, lo último también me lo dicen, seguro. Una de las chicas va a Sevilla esta semana y aprovecho parar tirarde mi sevillanía, fardar de ciudad y contarle la historia de la ciudad, los monumentos más típicos y los sitios donde tomarse una buena cerveza. Me dice que no le gusta la cerveza. Le contesto que no vaya entonces a mi ciudad, que ni se le ocurra pisarla. Me tomo un café con todos ellos en la cafetería más típica de la ciudad, la Pedrocchi, que se supone es del siglo XIX y le llaman la cafetería sin puertas, porque abría 24 horas al día sin interrupciones. En el viaje de vuelta, donde me siento muy triste porque no quiero que termine el viaje, nos entra un ataque consumista a 3 de nosotros y en la estación de servicio nos compramos una barra de Kinder Chocolate de medio metro. Y sin hambre, pero era consumir por consumir.
Y esta ha sido mi semana, señores. Un viaje increíble, para qué mentiros. Hemos tenido mucha suerte con el tiempo y veremos a ver qué me deparará esta semana en la que empiezo las clases y voy a Berlín. Por cierto, me voy el jueves y no vuelvo hasta el martes, así que no contéis con el correo hasta entonces.
SNC00537
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