Siena

Dándolo todo: parte de Siena IX

Algún día tenía que llegar lo de hacer exámenes en el Erasmus.

El lunes me levanto temprano para estudiar. Qué le vamos a hacer…Cuando llega la tarde voy a salir de casa y como ha estado lloviendo y tiene pinta de que pueda volver a suceder, voy a coger el paraguas cuando me doy cuenta que no recuerdo donde está. Busco en la casa, en mi habitación, en todos los rincones posibles pero no está. Qué raro, he vuelto a perder un paraguas, creo que será como mucho la segunda vez que me ocurre, síííííí, la segunda…el caso es que menos mal que antes de ir a la facultad me compro uno en los chinos porque cuando salgo está cayendo la del tigre. Pero vamos a lo que vamos. Me planto por primera vez en mi vida con unos 20 minutos de adelanto en el examen y aprovecho para repasar. Cuando viene la ristra de profesores que va a haber en clase (cuento 5, la clase es de las pequeñas, ni que fuéramos reclusos), se ponen en la puerta a llamar uno por uno a los alumnos. Saco todos los papeles, libros y elementos que ponía en la convocatoria que había que supuestamente llevar a la prueba. Cuando dice el profesor con su peculiar acento “Castro Vázquez” me da por gritar en mitad del pasillo “¡¡¡YOOO!!!” porque estaba al fondo de la gente (nótese que los italianos diferencian perfectamente entre decir “yo” que “io”, pero bueno, eso es lo de menos). Quitando el hecho de que todos se giraron para mirarme y que ya seguro que en los corrillosde mi clase me llaman “il capullo spagnolo”, al final descubro que de todos los papeles que había sacado sólo me piden el DNI. Cuando entro aquí son organizados no como en España y no me puedo sentar donde quiero, nos van colocando por orden de llegada. Cierran la puerta, se distribuyen los profesores, hay 2 o 3 chavales que llegan tarde como siempre y nos entregan la hoja del examen no sin antes avisar que no se puede hablar, copiar ni ver la Constitución. Mierda, pensaba que por ser Italia me dejarían traerme un catedrático de Derecho Constitucional para que me escribiera las respuestas. El caso es que el examen no puede tener menos historia: una hoja por las dos caras con 15 preguntas y 30 minutos para hacerlo, imaginaros mi sensación de satisfacción acostumbrado a haber hecho exámenes de Constitucional de 2 horas con 3 preguntas en las que me faltaba tiempo. Aquí me sobran 5 minutos. Cuando están recogiendo los exámenes, el chaval que se sienta detrás mía, al que no conozco, me pregunta. Disimuladamente levanto la hoja para que pueda ver mi respuesta (nunca supe decir que no) y después lo entrego. Me da las gracias y después me empieza a contar que si me he enterado que si al ser de Sevilla sé que el equipo perdió contra el Mallorca 1-2. Empiezo a idolatrar a un chaval que por haber leído mi letra ya sabe que soy de Sevilla y cómo ha quedado la jornada de Liga Española. Me dice que no, que sabe lo de que soy de Sevilla porque antes me lo vio escrito en un papel y que lo del partido lo sabe porque había apostado dinero a que ganaría el Sevilla. Vaya elenco de ludópatas estoy conociendo en el Erasmus.
De camino a casa bajo la lluvia me encuentro a dos chicas españolas que van cargadas con el carro de la compra y me piden que si las puedo ayudar a subirlo. Tiro de caballerosidad y fuerza sevillana y subo a la casa de la que tanto me habían hablado en su día: la casa de Gran Hermano. La llaman así porque allí viven 11 personas (bueno, al parecer ahora son 9, han ido entrando y saliendo mucha gente). La casa obviamente es espectacular de grande y una de las habitaciones dobles tiene tanto espacio en medio entre cama y cama que cabe mi casa entera de Siena allí. Después de solicitar favores sexuales a las dos chicas a las que he ayudado por subir el carro y que me manden a tomar viento fresco, me encamino a casa. Veo el partido de Rafa Nadal (VAMOSSS RAFAAAAAAAAA) y me acuesto que mañana toca seguir dando el callo, no sin antes dejarle una nota de despedida a la novia de Víctor que se va mañana pero que tenga que estudiar no implica levantarme a las 6 de la mañana.
El martes es un día en verdad cojonudo para tener una excusa como estudiar y quedarse en casa porque hace frío y llueve (las humedadesde mi cuarto están empezando a formar caras, igual llamo a Cuarto Milenio). El día no tiene mucho que contar: Kike de Zamora se viene a estudiar con nosotros y nos trae bollos rellenos de chocolate para merendar. Grande Kike. También cuando vuelvo de comprar del Conad que me faltaban provisiones me encuentro al puto capo que me suelta que tendría que haberle pedido permiso por haber agregado a su novia al Facebook. Me dice que es broma pero a mí no se me bajan de la garganta hasta que entro sano y salvo a casa. Por último, por la noche cuando estoy conectado al Facebook descubro que tengo una admiradora de mis correos a la que le pido favores sexuales vía Web Cam pero también me manda a tomar por culo. Ya van 3 en dos días, estupendo, las siguientes de la semana tienen que ser todas que sí.
El miércoles llega el día en que me toca hacer no uno ni dos, sino dos exámenes. Cuando llego al primero de ellos, nos empezamos a colocar en el aula magna y comprobamos que aquello va a ser un desfase de gente copiando: un aula magna repleta con un solo profesor vigilando. Yo nunca he sido de copiar pero mis amigos se ve que sí porque cuando comprueban eso automáticamente se van para detrás a la penúltima fila. Me siento junto a ellos y de nuevo se ve que he nacido de pie porque lo que ocurre a continuación es de pura suerte. Resulta que el colega tiene al doble de Erasmus que italianos en su clase. En Italia uno para hacer un examen tiene que inscribirse a él. Pero los Erasmus no hace falta que lo hagamos, se supone que llegamos al examen y punto, y eso además estuvo confirmado por el profesor. El caso es que cuando ve el aula llena dice que allí hay el doble de gente de lo que él se esperaba y que no va a haber exámenes para todos. Y efectivamente, cuando llega a la penúltima fila entrega los últimos 4 folios de examen (a mi el penúltimo) y los 4 españoles de la última fila se quedan sin, y el profesor, que es muy listo, en vez de pedir que alguien suba a hacer más fotocopias o algo pues les desea más suerte para la próxima vez, que ya podrán hacer la prueba final y que hubieran escrito un correo o algo. EPIC FAIL.
El examen es dificilillo porque de las 10 preguntas tipo examen que habíamos hecho en clase sólo pone una y nosotros contábamos conque pusiera al menos 6. Pero bueno, se hace lo que se puede y los que están a mi alrededor se ceban a copiarse cuando el profesor se sienta en su mesa y se pone por delante de la cara un libro, por si no era suficiente conque fuera el aula magna. Yo, que siempre he sido todo un SEÑOR, no me copio aunque ganas no me faltan porque no recuerdo qué carajo era la Paradoja de Bertrand. El siguiente examen lo tengo en dos horas pero después del desfase que se ha pegao el profesor la jugada merece comentarse mientras tomamos un café con el resto dela gente y pierdo una hora de repaso, pero da igual porque cuando llego a la otra aula magna para el siguiente examen resulta que los profesores también son muy listos y necesitan que haya un espacio preciso entre asiento y asiento, una fila de separación…en fin, que hacemos 3 tandas de exámenes y a mí me toca en la segunda por lo que saco media horilla de repaso. Sin saber cómo iba a ser el examen entro un poco acojonao, para luego comprobar que son 15 preguntas tipo test, y tengo media hora con el Código Civil italiano y sus 1000 artículos más que el español de amigo. Pero no es suficiente, las preguntas son las típicas con 4 opciones donde sólo cambia una coma delugar y vete tú a saber en qué lugar va si no lo sabría ni en español. Pero bueno, se hace lo que se puede y salgo sintiéndome plenamente libre.
Esa noche obviamente tengo que salir a celebrar que he salido con vida de dos exámenes seguidos y nos plantamos en casa de Kike y Santi a echar un rato para después ir a un bar donde me jarto de comer palomitas y patatas y les arruino el negocio del hambre que me entró en un momento. Del resto de la noche no quiero hablar, no estoy orgulloso.
El jueves sé que me levanté tarde y que recibí un mensaje de un chaval de aquí, que es español, pero en italiano, invitándome a una fiesta en una casa que no es la suya. Como me gusta apuntarme a un bombardeo confirmo mi presencia y me encalomo en una casa de dos chavales que al final sí que conocía y que cómo no, son de Murcia (aquí o eres de la costa este o no eres nadie, joder no veas que invasión se han pegao con Siena). Total, cuando llego la cosa tiene buena pinta porque hay gente pero tampoco una exageración, hay musiquilla delos Mojinos (punto a favor de la fiesta) y dos chicas italianas (+10). Lo que empezó bien continua mejor porque empieza a llegar más gente. La cosa definitivamente se desmadra y me apunto la frase de uno de los chicos de la casa que pasará a la historia: “me encanta que se me vaya de las manos”. Y vaya que si se les fue, todavía no entiendo por qué no aparecieron allí los carabinieri, pero bueno. La fiesta concluye cuando dos chicas se quedan encerradas en el servicio y para no ponerse nervioso el chico que intenta abrirles desde fuera echa a todo el mundo, aunque yo me quedo porque no me quiero perder ese acontecimiento. Sin exageraros, 20 minutos después de que comenzaran a intentar abrir la puerta consiguen salir. Como están sanas y salvas, nos vamos a un bar a seguir celebrándolo. Cuando cierra, nos vamos a otro que está en la Plaza del Campo y en el que nunca había entrado y mira tú por donde está bien. Aunque hace frío y llueve, nos ponemos en la terraza cubierta porque somos así, machotes, y pasamos un buen rato comentando con un chaval si Triana debe ser o no independiente. Nos enteramos de que en la casa de Gran Hermano tenían una fiesta andaluza y han ido los carabinieri. Joderse, por tener una fiesta andaluza y no invitarme. No sé por qué cuando iba camino a casa a eso de las 3 me encontré con gente y me fui a dormir al final a las 6 y algo. Lo mío es tremendo.
El viernes pasamos la tarde viendo a ver qué hacemos y al final decidimos ir a la discoteca de los autobuses infernales. El frío que hace ya y la lluvia me están empezando a preocupar. Yo porque voy a vivir aquí sólo un año pero si a esos dos fenómenos le sumas que anochece a las 5 es como pa suicidarse. Pero estamos de Erasmus así que por el momento los suicidios colectivos se los dejamos a los de la Batamanta. Después de cenar nos plantamos en casa de los de Palencia a beber tranquilamente. Me llama una amiga francesa diciéndome no sé qué de que se ha perdido y que se puede ir donde esté yo. A los de Palencia no les hace mucha gracia que meta a MÁS gente en su casa hasta que descubren que son 3 francesas bastante apañás. De repente me dicen que en el piso de enfrente hay una fiesta internacional a la que han invitado a Feli (luego descubriré que sí que me habían dejado un mensaje en el Facebook, pero es lo que tiene no parar en casa). A mí me la sopla que sólo le hayan invitado a él, me planto en la puerta y soy yo el que llama y el que dice “Salve” muy educadamente cuando me abre un italiano que no me conoce pero que me invita a pasar cuando ve que traigo una botella de vino. Allí efectivamente hay muchas nacionalidades, y a los 5 minutos aparecen las 3 chicas francesas que iban a la misma fiesta. Mira, coño, qué casualidad. Allí hay comida para reventar y aunque ya he cenado no puedo evitar comer “quiche” francés y torrijas españolas. Dios cómo las echaba de menos. Me gusta la fiesta porque de nuevo se les ha ido de las manos con tanta gente allí metida. De hecho, cuando vienen mis amigos los de la otra casa a buscarme y decirme que se van a coger el bus les digo que yo paso, que aunque ya haya pagao los 6 € de entrada prefiero perderlos y quedarme allí. Cuando llevo un rato de repente me llama Víctor. Seguro que es para echarme la bronca por no estar yendo con ellos. Verdaderamente está exaltado porque me grita por el teléfono: “¡¡¡NIEVAAAAA!!!” “¿Qué dices Víctor?” “¡¡¡QUE ESTÁ NEVANDOOO!!!” “Amos a ver, cómo va a estar nevando, subnormal” “¡¡¡QUE SÍ COHONE QUE ESTÁ NEVANDOOO!!!” Antes deponerme nervioso decido salir al patio a comprobarlo pero está medio en obras y no se ve mucho, aunque una chica española me asegura que sí ve nevar. Tardo exactamente 4,79 segundos en ponerme el abrigo y bajar a la calle. NO ME LO PUEDO CREER, ¡¡¡¡ESTÁ NEVANDOOOO!!!! No quiero parecer una maricona pero se me saltaron las lágrimas.
El caso es que después de estar 10 minutos bajo la nieve, decido que ya he pasado suficiente frío y subo a seguir la fiesta. Cuando veo que el número de personas ha decaído, tomo una decisión salomónica: me voy a la discoteca. Sólo, sin paraguas porque me lo he olvidado en la otra casa y ya se han ido todos, me planto bajo la nieve en la plaza donde hay que coger los buses y como siempre, aquello está a reventar. Menos mal que me encuentro a amigos españoles que me cobijan bajo sus paraguas porque de repente la que cae de nieve allí es brutal. Por fortuna no nos matamos en el autobús y llego a la discoteca sano, salvo y empapado (resulta que al parecer la nieve es agua congelada y claro, llega un momento en que acabas mojado). Bailamos mucho, saludamos a Schortsanitis, el negro petao de mi gimnasio que está allíde DJ, y bailamos grandes éxitos como “Bamboleo”. Grande el negro. De recogida decidimos que mañana, aprovechando que no está Alessio, el lolailo, porque se ha ido a ver a su churri alemana 10 días, hay fiesta en nuestra casa.
El sábado es el día en que se quema mi casa. Por la tarde veo el partidazo de Nadal contra Murray donde me pongo más que nervioso y aún más Víctor que decía que no nos daba tiempo a preparar la casa. Salimos a comprar y después comienza la odisea de adecuar la casa a una fiesta en condiciones. Como en la cocina no cabemos ni de coña, elegimos mi cuarto (vaya por dios) para ubicar las mesas con comida. Sacamos mi cama y la metemos en el cuarto de Víctor. Sacamos también la mesa de cristal donde se supone que tendría que estar mi tele pero todavía no está arreglada (que conste que no tuve yo la culpa). Arrinconamos el armario (no veas como pesa). En otro rincón la mesillade noche y el armario pequeño de mi ropa interior servirán de cabina de DJ. Traemos una mesa de fuera y junto a la de la cocina se colocan en el centro del cuarto. Sillas sólo 3, para eso hemos acondicionado la cocina con espacio libre para sentarse. Como hemos invitado a nuestros vecinos, le pido al puto capo que llame al francés para que nos preste los altavoces. Sin problemas, su cuarto está abierto, que los cojamos. Grande el francés, aunque jamás pensé que diría esto. Colocado el equipo de música, la mesa con platos, vasos y demás, dos banderas de España y una lista de reproducción tó carsá, ya está todo preparado para la fiesta.
La gente comienza a llegar a eso de las 8 y media. Llega nuestro grupo de españoles (12, faltaban 3) de toda la vida más los de Palencia (2). Se suman il puto capo y su amigo de Ecuador (2), más Aurelie (1) porque el resto de vecinos tienen otros compromisos aunque al menos hemos quedado bien al invitarlos. Y empezamos a comer. Yo al principio pensaba que iba a faltar comida pero madre mía cómo nos cebamos. Que si tortillas, que si jamón (gracias al cielo por haberle dado a Feli unos padres que le envían kilo y medio de embutidos), que si patatas con salchichas, salsa césar y queso mozzarella al horno, que si champiñones, que si ensalada de pasta, que si pizzas, que si pan con nutella…y vino, MUCHO vino. Lo que viene siendo la cena estaba más o menos tranquila pero de lejos se veía que la cosa iba a desmadrarse, sobre todo cuando un grupo de 3 o 4 empezaron a pimplarse a chupitos la botella de ron malo que había dejado la francesa y poco después dejaron de beber el vino de los vasos y se lo bebían de la botella. Quitamos las mesas y convertimos en sala de baile mi cuarto, con musiquita y luces apagadas. Desfase. Al poco me envían un mensaje unas españolas diciendo que no tienen plan, que si nosotros tenemos. ¿Que si tenemos? ¡Vía del Villino 13! (2 más). Al poco me tientan mis amigos y me piden que llame a las portuguesas. Les doy la razón diciendo que es la mejor idea que han tenido nunca y por qué carajo no lo habíamos hecho antes. Las llamo siendo consciente de que no van a venir. Efectivamente se iban a otra fiesta y se lo tienen que pensar. Al poco recibo un mensaje: ¿cómo se llega a tu casa? ¡Vía del Villino 13! Al rato me llaman las francesas del otro día que también las había invitado. Que no se acuerdan del nombre dela calle: ¡Vía del Villino 13! Al poco llegan todas juntas, las francesas (2) y las portuguesas (5). Y venga, todos para dentro. Si no llevo mal las cuentas sumábamos 26 personas. Creo que batimos el récord. La gente cuando bebe y se va a casas ajenas sin vecinos a los que molestar se desfasa BASTANTE. Tiré de frases míticas y dije “me encanta que se me vaya de las manos”. Lo único que diré es que fue un milagro que no perdiésemos la fianza aquella noche, aunque al día siguiente la limpieza dura horas. Yo cuando entro a dormir al cuarto de Víctor compruebo que hay una chica en mi cama y otra en la de Víctor dormidas. Como la que está en mi cama es tela de fea paso decomplicarme la vida y me voy a dormir a casa de la parejita madrileña, que tiene una cama de más que al parecer ha sido usada ya por casi todos los de mi grupo en alguna noche del Erasmus para dormir. Con mucho desfase por el camino llego a casa de estos, charlamos durante un buen rato mientras me sacan aceitunas y terminamos viendo dos capítulos de Friends (joder cómo lo echaba de menos y qué buena es esa maldita serie).
El domingo nos despertamos y llamamos al chino, comemos en casa y me dejan un paraguas porque sigo sin recuperar el que me dejé en casa de los de Palencia y la que está cayendo es cojonuda. Me llama Víctor: compra lejía. Buena señal de que la casa está en excelente estado. Cuando llego, Víctor ha tenido el detalle de quitar lo más gordo de suciedad y puedo ver tranquilamente la final Federer-Nadal QUE PREFIERO NO COMENTAR. Eso sí, termino de limpiar tarde no, lo siguiente.
Eso es todo por hoy. En la foto no es que la ausencia de H&S me haya causado un problema de caspa, sino que no quería perder la ocasiónde daros envidia a los que no habéis visto nunca nevar. Yo hasta hace poco tenía vuestra misma vida asquerosa, pero ya no.
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