Siena

Dándolo todo: parte de Siena VII

Sí, no me canso de escribiros, puntual como siempre 😀

Hubo ciertas peticiones para que la semana pasada en vez de tanto vídeo y tanta chorrada enviara alguna fotillo cuanto menos curiosa, pero soy tan vago que no soy capaz de llevarme el móvil español a las fiestas (que es el que uso como cámara, soy así de guay, con cámara demóvil de 5 megapixels), y digo las fiestas porque por ahora en pocos sitios más podría hacer alguna foto interesante, al fin y al cabo ya se sabe el tópico, esto es el Erasmus.
Pero bueno, a lo que vamos. El lunes me levanto y Víctor está haciendo en la cocina algo que quizá debería plantearme yo algún día deestos: leer el primer tema de Economia industriale. Pero bueno, ya sacaré tiempo. Me paso antes de entrar en la facultad por una copistería donde me sablan 10 euritos por imprimir unos temas de Derecho (paso a paso, luego ya si eso los organizo Y LUEGO YA SI ESO me pongo a estudiarlos). Además, mi italiano va mejorando pero no lo suficiente como para expresarle a la mujer que me atiende que las diapositivas las quiero a doble cara y a dos páginas por cara, que si no luego salen muchas hojas. Pero a lo máximo que llega es a lo primero y salen 18.000 folios, maldita sea su estampa y como me acuerdo en estos momentos de las chicas de ATRIL de Sevilla que me entendían a la primera y eran eficaces como ellas solas…Después de ir a clase como un campeón vuelvo a ir SOLO a la mensa y se me sienta enfrente una chica que también llega sola. Al poco lo hace igual otro chaval, y como os podéis imaginar la conversación entre 3 que llegan solos a la mensa es muy fluida (nótese ironía), pero lo mejor está por llegar porque de repente la chica, así como quien no quiere la cosa, se pone a tararear mientras come. Me acuerdo del capítulo de “Cómo conocí a vuestra madre” y al mirarle a los ojos, porque aquello me ha dejado sin aliento, le veo ojos de loca, y se ve que el otro chico se ha tenido que dar cuenta también porque su ritmo de masticado ha aumentado a 200 mordiscos por minuto y en menos de 3 se ha comido todo, se ha levantado y apresuradamente ha dicho “buona fortuna, amico” mirándome como si fuera la última vez. Como soy cinturón negro de karate no me preocupo por la loca y la dejo que siga tarareando pero, eso sí, he puesto la opción “Santi unagui” ON, y mucho más cuando al tarareo se le une que pone caras raras y de placer mientras se come una presade pescado, al tiempo que interrumpe su cancioncilla para hacer de vez en cuando “ahamm” de aprobación culinaria, cuando no tiene a nadie con quien comer la maldita loca y cree que la voy a mirar y a decirle “sí, está bueno, ¿eh perra?”.
Después del mal rato en la mensa me encuentro a mis amigos que me cuentan que ayer después del derbi Madrid-Atlético se quedaron horas jugando a la brisca. Lo suyo es ya preocupante y les recomiendo un centro de desintoxicación, pero pasan de mí y se van a tomar un café a un sitio que nunca he ido y que por supuesto secundo, aunque no acierto todavía con los cafés de aquí (me pasa como a mi padre cuando va a Portugal, que una vez pidió un café y le dieron un menú del Burger King) y me ponen leche con dos gotas de café y a eso lo llaman “lattemacchiatto”. Su puta madre, y yo que quería despejarme para la siguiente clase que después de comer me quedo alelao. Bueno, supero las dos horas porque son de Informática y encima no tengo para relajarme porque se me sienta al lado un negro que no es por ser racista pero no veas si era torpe el colega y le tengo que explicar todo. Espera, no, se me ha olvidado, negro y francés, olé sus huevos, menos pitarle a Rafa Nadal y más usar los ordenadores. Por la tarde-noche me da por improvisar mi horario y después de la última clase a las 19:30 voy para la mensa y ceno una piadina (como un crepe, para los que no tengáis cultura) y un bocadillo con todos sus avíos, yogures varios incluidos (todavía no me entero por qué hay dependientes que siempre me dejan coger 2 y otros que me amargan la existencia y sólo me dejan coger 1), y tiro para el gimnasio, pobre de mí. Antes de nada avisaros que si estoy escribiendo esto es porque no me dio un chungo ni nada y sigo vivo y que os recuerdo que los cortes de digestión no existen, son los padres. Renuevo mi carnet que ya caducaba el mes y tan feliz sigo mi jornada de entrenamiento nocturno amenizada con música de radio que siempre me ponen en el gimnasio, junto con imágenes por la tele que me dejan muy rayao porque son de unas carreras ilegales de caballos en Palermo, sin sentido ninguno porque las hacen de día, en medio de la autopista y sin nadie que les diga nada. Esto es Italia.
El martes por la mañana al salir de casa me encuentro a la francesa que va a coger el coche de Giorgio para ir a comprar y me dice que si me lleva a Porta Pispini. Acepto embelesado (dios, habla italiano con acento francés, no le podía decir que no) y compruebo que simplemente me deja en la carretera de arriba de Porta Pispini y que el camino lo podría haber hecho andando en menos tiempo entre unas cosas y otras, pero me da igual, he estado en el mismo coche con mi vecina francesa. Comienza bien el día. Más tarde, mi querida profesorade Derecho Público italiano estaba teniendo una clase normal en la que hablaba sobre cómo el Derecho Comunitario entra en el país cuando, de buenas a primeras y como se ve que está enamorada de mí, me vuelve a mencionar diciendo que si la gente quería saber cómo era el caso de España que me preguntasen a mí. Lo suyo tiene mucho mérito porque el aula magna vuelve a estar llena como siempre y encima sólo me he podido sentar casi al fondo del todo, pero la señora es capaz hasta de señalarme para que todo el mundo se gire a mirarme y a mí no me queda otra que levantar la mano y saludar con cara de “claaaro, domani hago una clase magistral para explicároslo a todos”. Soy un ídolo de masas. En un descanso que tengo entre dos clases me voy con Víctor a tomarme un café a un bar que siempre les hemos pedido hielo y para reequilibrar el karma nos da por consumir allí mientras jugamos a las cartas. Sí, brisca de dos, muy triste, pero esto es una droga. En el tiempo restante me voy a comprarle el regalo a la chica portuguesa de la que hoy es el cumpleaños, que me ha invitado. Para no quebrarme la cabeza, en la primera tienda que entro veo unos guantes azul marino y como no están mal de precio no me da por hacer un estudio de mercado, adjudicados quedan. Compro dos botellitas de vino para quedar bien del todo en mi querido hebreo y después de cambiarme en casa, afeitarme y ese tipo de mariconadas me dirijo a la casa correspondiente. Allí hay mucha gente, de nuevo volvemos a ser sólo dos españoles, y mi piace molto el ambiente. Comida, una especie de sangría, música y no para de llegar gente. Pero para demostraros que aprobé Estadística por algo y que aquí las Matemáticas me están dando fuerte, os explicaré básicamente lo que ocurrió con el lenguaje universal, para que todos nos entendamos:
Sea X una variable aleatoria que define el número de mujeres en una fiesta. Sea Y otra variable aleatoria que define el número de hombresde la misma fiesta, donde está el sujeto S, que pasaremos a comentar después. Pongamos que X tiene atribuida una característica “z” que definiremos como “porcentaje de bellezas”. Si X > Y, al mismo tiempo que z = 80 %, aproximadamente, entonces la probabilidad de que el sujeto S se colapse y mentalmente piense “no acaparo con tanto” será igual a 100%. Casi me voy llorando a mi casa. Pedazo de noche.
El miércoles no pasa nada realmente interesante salvo que cuando voy a la mensa solo, se me sientan un grupo de 3 chavalas italianas muy simpáticas con las que, POR FIN, me pongo a hablar, cosa que es todo un récord en la mensa. Una de ellas no tiene nada de especial salvo que tiene cara de pilla y habla italiano, lo que basta para que durante la comida me enamore perdidamente de ella. Maldita sea Italia y su idioma. Por la noche no salgo, que ya tuve bastante con ayer, y vuelvo a ser un auténtico campeón que se queda amargado en casa cuando todos sus amigos salen.
El jueves por la noche es espectacular el nivel con el que nos venimos arriba en la mensa mientras cenamos porque la semana próxima es el cumpleaños del murciano y empezamos a planear una fiesta ibérica (porque se la debemos a las polacas y a las portuguesas), la fiesta decelebración a la vez de su cumpleaños, invitar a todo nuestro grupo de españoles, los portugueses, las polacas, los coinquilinos del murciano, los vecinos del murciano, que Víctor se lleve la guitarra y toque un concierto de flamenco, poner carteles en la calle para invitar a la gente a que suba a la casa de Luis, que se divida la party entre los diferentes pisos del bloque y poner músicas variadas (house, pop/rock, dance)…en definitiva, que el sábado de la semana que viene se quema la casa de Luis, a menos que pase como con el plan de Eslovenia y se venga abajo, lo cual es muy probable. Por la noche esta gente se queda en la Plaza bebiendo y tal y yo vuelvo a ser un amargado que se va a casa con la excusa de que se va Gordon solo y mañana me levanto muy temprano. Malditas sean las clases a las 8 de la mañana.
El viernes, mientras la profesora explica algo del derecho civil italiano, me da por preguntar por algo de las capitulaciones matrimoniales (para los que no sabéis de derecho ni estáis casados, es la base del matrimonio y lo que hace que sigan en pié) pero claro, no caigo en que era posible que “capitulaciones” no se dijera “capitulazioni” en italiano, y parece que he debido decir algo malo porque la cara de la profesora es de desconcierto total y se gira toda la clase a mirarme. Después de varios segundos de nerviosismo, la profesora entiende lo que estoy queriendo decir y me responde. Uf, que mal trago. Después de sólo una hora de Economia industriale porque terminamos el temario (ajá, y sólo tengo 3 páginas de apuntes, qué bien…) estoy en la cafetería de la facultad tomándome un café con mi vecino alemán y escucho la dichosa canción que estuve todo el verano oyendo por la radio en Italia y ya, desesperado, le pregunto a dos chicas italianas sentadas en otra mesa. MILAGRO, me dicen el nombre del artista y del tema y empiezo a escuchar campanas y violines de felicidad. Me voy a comer con il puto cappo de Gordon y una chica madrileña a la que me encontré llorando en la cafetería de la facultad porque se había agobiado con no sé qué asignatura que no entendía y aunque no me lo dijo seguramente tenía la regla. El caso es que se ve que Gordon también la tendría porque se pasa toda la comida hablando de su querida novia española que se ha echao aquí y de cómo está harto y tiene ganas de matar a alguien. Pero lo mejor llega cuando al decirle que es muy agresivo me cuenta que es cinturón negro 2º DAN de Karate y que ha competido a nivel internacional con la selección alemana. Por si no eso no fuera suficiente nos cuenta que una vez estaba en una discoteca en Alemania y una chica con la que había estado hasta hace poco se empezó a besar con un amigo suyo. Se puso tan furioso que se fue a la calle y rompió 2 señales de tráfico, cogió un tren que llevaba a Frankfurt y buscó uno de esos grupos (que al parecer allí son conocidos) al estilo Club de la Lucha, que organizan peleas por la cara, se metió en una, apostó por si mismo 100 € (él es así, un tío de taco) y como ganó se llevó 500 €, se fue a un club nocturno y se lo gastó todo esa noche. Vale, lo del club nocturno me lo he inventado yo, pero es que hubiera sido ya la leche, eso sí, el resto de la historia es absolutamente cierta. El nivel de puto cappo va subiendo hasta niveles que no sospechaba que subirían.
Por la tarde compruebo que paso mucho peor las clases que son justo después de comer que las que son a las 8 de la mañana y por primera vez veo que es cierto eso que dicen de la escritura subjetiva, ésta que se hace mientras duermes, y mejor no os digo qué escribí yo. Esa noche se supone que íbamos a cenar en mi casa y beber tranquilamente para después ver qué hacer, y que en mi casa íbamos a ser Víctor, Gordon y yo, que queríamos animar al chaval y emborracharlo para que se le quitasen las tonterías de su Sarita. Al poco me entero que se une la parejita madrileña, pero va bien, sólo somos 5. Cuando estoy en casa me llama Víctor: oye, que al final se viene toda esta gente, somos 10. La gente oye “casa” y se une a un maldito bombardeo. Cenamos pizzas hechas al horno, patatas fritas de sartén del Conad (que no tienen nada que envidiar a las McKein), escuchamos música, bebemos un poquillo, me pongo a cantar con Víctor con la guitarra, hacemos una lista de películas de chorra que hay que ver en el Erasmus y termina siendo más grande la lista de películas míticas, menos mal (en la que no falta, obviamente, El Padrino), salimos a la calle, vamos camino de una supuesta fiesta que finalmente era un mito, nos quedamos en la Plaza, conocemos a unas chicas españolas con las que me hago pasar por italiano otra vez y otra vez caen, vemos a las 5 amigas de Julia que acaban de llegar, “mañana fiesta en mi casa que está sola” dice Julia, miramos a las amigas, “mañana la noche promete” dice Santi, entramos en Al Cambio, casi vacío, Gordon, Víctor y yo vamos a casa. Mañana mucho más, mucho mejor, más divertido.
El sábado empiezo a escuchar golpes en mi ventana y es el joputa de Gordon, que como siempre está fumando, y dice que si quiero ir a tomarme un café con él, pero mi sentido de la responsabilidad me dice que tengo que quedarme estudiando. Víctor y yo nos ponemos ciegos a comer porque se nos va la mano con las cantidades y después me paso por el gimnasio en plan arrepentimiento. Por la noche nos tiramos para la mensa y comemos con las amigas de Julia que consiguen hacer un chanchullo, entre otras cosas porque se han arreglado bastante y el encargado del turno nocturno les pasa la mano y les cobra menos de lo que debería. Yo ya podría ir en traje de chaqueta a la mensa que no me van a hacer descuento. Después de pedir hielo en miles de sitios conseguimos que nos den en uno, la cosa está complicada porque juegan la Juve y la Roma y todos los sitios están petados. En casa de Julia las niñas están en la apoteosis de pintarse y mientras nos ubicamos. Yo, no es tanto porque quiera, que también, sino porque la disposición queda así, me siento en la parte donde se sientan las amigas de Julia y me arrepiento porque es la segunda vez en la semana que lo paso mal al ser el único tío de entre 3 (y los otros dos con novia) rodeado de ragazze emperifollás. Me entran ganas de irme a llorar a mi casa pero no lo hago porque estamos probando un ron nuevo del hebreo que no tiene mala pinta. La noche continua bastante bien, las conversaciones entre las albaceteñas y yo fluyen aunque una deellas me dice que odia el acento andaluz y queda borrada de mi lista por muy buena que esté. Entramos un rato en Al Cambio aunque se nos ha ido la mano con la hora y duramos 10 minutos porque nos cierran. Al final acabamos en casa de los de Palencia donde se termina montando una fiesta improvisada un poco desfasada. La razón es que al parecer le han pegado a uno de ellos por mear al lado de la motode un italiano y hay que celebrarlo (no entiendo el por qué, aunque él está bien, no os preocupéis). Tengo la suerte de no haber estado presente en el momento de la pelea, que tengo la habilidad de atraer hacia mi cabeza objetos contundentes. Víctor dice que si no hay huevos de hacer una tortilla y se van todos los tíos a la cocina a hacerla, todo esto mientras yo decido que ya tengo suficiente tortilla entre semana y me voy a una habitación a dormir, que tengo sueño. Me despiertan al rato tirándose todos encima mía, menuda panda decabrones.
El domingo me cago en Ferrari y en sus tácticas. Y encima me pongo a estudiar por la tarde. Y además me acuerdo que se suponía que esta noche volvíamos a salir con las albaceteñas. Menuda mierda de día. Por la noche vamos a la mensa después de que Víctor termine dever a su querido Madrid (esa es otra, el Madrid ganó…lo dicho, los días malos son malos de cojones) y como resulta que es el partido del Inter-Milano no se cabe en la mensa y decidimos darnos una vuelta para ver si comemos por ahí. No hay NADIE por las calles y no paramosde dar vueltas a ver si encontramos un sitio abierto pero no hay suerte y terminamos yendo a un chino (sé que mi madre en este momento está disfrutando como una loca) donde nos ponemos como cerdos y además no se come mal. Después estamos un rato en la Piazza esperando a ver si nos llama Julia con las amigas para ver qué hacen, pero los días malos repito que son malos y cuando ya había asimilado que me iban a volver a entrar las ganas de irme llorando a casa esa noche, Julia se apalanca en casa y no salen. En su defecto voy a casa del murciano a crear el evento en el Facebook de su cumpleaños-fiesta Ibérica (en italiano e inglés, qué nivel Maribel) y me voy a casa. Finde la semana.
Dedicado a mi hermana (viene también la letra escrita):
En la foto, de izquierda a derecha: 3 portugueses, un jipi que pasaba por allí y una tinerfeña de madre italiana y nacida en Venezuela…no se puede pedir más.
P.S: yuju wei.
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