Siena

Dándolo todo: parte de Siena IV

Buenas noches!

El lunes, después de haber dormido unas 9 horas (que ya era hora, estaba reventao de Perugia) me levanto con intención de ir con Víctor a mirar lo de las asignaturas y tratar de tener una vida universitaria normal. Primer escollo: Víctor se levanta malo no, lo siguiente, porque tiene fiebre, mocos, dolor de cabeza y mal cuerpo (6 años de medicina para que todos sepamos que eso es una gripe de toda la vida del señó). Vale, no pasa nada, iré yo solo. Hago de buen amigo y confidente y le dejo un sobre de Frenadol (nota mental: añadir a mi lista de morosos a Víctor, me debe un sobre de Frenadol).
Salgo de casa no sin antes darle a la opción de centrifugado de la lavadora porque estoy harto de que la ropa tarde días en secarse. Me arrepiento de haberlo hecho porque mientras lo hago me estoy lavando los dientes y de buenas a primeras la lavadora me arrincona con un sonido de giro cada vez más agudo y con el bombo dando vueltas a 20.000 revoluciones por minuto. Se acabó. Hasta aquí he llegado, esto va a explotar de un momento a otro. El pitido agudo ya ni se escucha y fuera los perros de los alrededores empiezan a ladrar por los infrasonidos. Por fortuna todo acaba cuando más chungo lo veía. He vuelto a nacer: he sobrevivido a un centrifugado de mi lavadora. El caso es que tiro pa la facultad de Economía. Vale. Me planto en la plaza antes de entrar. Miro a la facultad. Ella me mira a mí. ¿Y ahora qué? Hago un repaso mental de las otras veces que sin saber qué carajo hacer me he puesto por mi cuenta a intentar solucionarme las habichuelas. Mientras me da un ataque epiléptico cuando me acuerdo de la estación de tren de Bolonia, el registro Erasmus, el código fiscal y las miles de veces que intenté encontrar el menú de la mensa que valía 1,60 €, decido que lo mejor es coger el toro por los cuernos y entrar a saco. Llego al pasillo donde al fondo hay una mesa de información. No hay nadie. Se me acerca un tío que tiene pinta de todomenos de tener solución a mis problemas porque parece el típico conserje guardallaves que no tiene idea de nada. Efectivamente me balbucea algo en italiano cuando le pregunto dónde puedo encontrar a Luigi Luini, mi tutor del Erasmus, y allí no hay ninguna indicación. Subo unas escaleras. Empiezo a deambular por los pasillos. Miro los nombres de los despachos. Nada. Entro en uno que está abierto. Coño, pone “segretaria generale”, que aquí debe ser algo así como la secretaría de toda la vida. Un señor me indica cómo llegar y me guardo mentalmente su cara: devolver favor en un futuro. Subo otras escaleras, vuelvo a subir otras y llego a una especie de zulo donde hay una puerta que pone “Luigi Luini”. Bien, me ha tocao de tutor y de profesor de “Economia industriale” al más marginao de la facultad. Entro y es un hombre mayor casi sin pelo y el poco que tiene es canoso. Al principio no sé si es que me explico muy mal en italiano o que es un poco retrasao, pero le cuesta captar lo que le digo. Al poco me entero que es que no se esperaba mi visita porque su horario de atención no es ese sino el miércoles, y como buen funcionario no va a salirse de su horario escrupulosamente establecido. Pero me cae bien cuando derepente al hablar de su asignatura y de como este primer mes por el curso de italiano lo de ir a sus clases va a ser complicao porque nos coinciden, me saca un libro fotocopiao EN ESPAÑOL y me dice EN INGLÉS que éste es el libro con la materia, que lo fotocopie y se lo traiga otro día. Mucha tela.
Ahora llega el momento de salir del despacho y encontrar a otra señora con la que tenía que hablar. Pregunto en otra mesa de información donde hay dos profesoras que se toman la huelga muy en serio y están, por lo que me parece a mí, mangándose un ordenador, y me indican que la tal Claudia a la que busco está en el otro edificio y algo más de un Máster o no sé qué. No no, grazie, no tengo soldi per Másters, son demasiadas mensas para gastar. Resulta que lo del Máster no era que me estuvieran intentando vender el suyo, sino que la Claudia (tengo esa confianza ya) da clases en un Máster y puede ser que no esté, y lo intuyo porque me pongo a buscarla y allí no hay Dios que la encuentre. Bajo todas las escaleras que he subido, descruzo el pasillo que crucé antes, salgo al patio del antiguo claustro, salgo a la plaza, entro por otra puerta a un edificio que está al lado, cruzo un pasillo atestado de gente que se ve que no tienen ordenadores en su casa y vienen aquí a garrapiñear Internet, salgo a otro claustro (qué pasa, ¿estaban de moda o qué?) y tengo varias vías. Elijo la de la derecha. Hay una puerta con algo de un Máster. Entro. Nada. Subo unas escaleras. Aquello está desierto no, desolado, y de nuevo compruebo que lo delimpiar las escaleras aquí no se destila. Salgo de nuevo al claustro y me dirijo a un sitio donde hay mucha gente haciendo cola. Paso deponerme a esperar en una cola porque no tengo tiempo y entro del tirón por la puerta en la que están. Nadie me grita. Ah vale, que la cola no era para entrar por la puerta, era para una ventanilla que hay dentro. Paso de ventanillas. Me doy un voltio por allí y no encuentro nada. Salgo. Me voy a la otra opción que tenía y subo unas escaleras. Allí hay muchos despachos y muchos pasillos. Confío en que esté por aquí pero la confianza dicen que da asco y allí no hay ninguna Claudia. Empiezo a dar tantas vueltas que cuando me quiero dar cuenta NO SE SABE CÓMO estoy delante del despacho de Luigi Luini otra vez. Eeeeeeeeehhhhhhhh un momento, ¿cómo he llegado aquí? Paso debuscarle explicaciones espacio-temporales y desando el camino. Vuelvo a los pasillos largos y miles de despachos. Hay dos chicas fuera deuno que parece que están estudiando para lo que puede ser el examen más importante de sus vidas porque levantan sus miradas e intuyo que me están diciendo “cómo se te ocurra desconcentrarnos y preguntarnos algo te capamos”. Vuelvo para atrás y encuentro un despacho abierto. Pregunto a lo que parece ser un profesor y me señala por la ventana que da al claustro por dónde tengo que ir: era por donde la cola, pero no había buscado bien.
Bajo, paso la cola, y cruzo una puerta que da a una estancia sin luz que tiene una puerta al fondo. Allí parece que no hay señales de vida, y empiezo a temer por la mía, porque igual a quien he preguntao no era un profesor sino un psicópata que se dedica a llevar a alumnos callejones sin salida y después matarlos. El caso es que abro la puerta y hay una chica hablando. Espero a que salga, entro, pregunto por Claudia y me dicen que está reunida. Sale un momento, conozco por fin a la tal Claudia y me dice la dirección de Internet donde tengo que reservar 20 minutos de reunión con ella para el día que tenga libre. Joder, más eficaz y nace alemana. Salgo de lo que han sido casi 2 horasde infierno de pasillos y despachos sin haber conseguido prácticamente nada. Entro en una copistería en la que el dueño aparece en milesde fotos agarrado a chavalitas recién licenciadas con unos laureles en la cabeza (no sabe ná el viejo verde) a dejar el libro encargado y tiro para la mensa. Como me sobra tiempo me da por perderme un poco por las calles de Siena. Esta ciudad es la leche, de verdad, no es porque sea la mía pero realmente enamora.
El viernes habíamos tenido en el curso un test para verificar nuestro avance en el italiano. Se suponía que el lunes íbamos a ver los resultados pero nuestro profesor dice que mejor otro día. Sí señor, qué buena señal. Después del gimnasio (no, si al final me lo voy a tomar en serio y todo, ya me he aumentao 5 kilos en algunas máquinas, estoy que me salgo) me da por pasarme en vez de por el Mercadona italiano “Conad” por una tiendecilla que hay camino de mi casa. Se ve que el gimnasio también quema neuronas al igual que el Jamaican Club porque de las 3 cosas que iba a comprar tengo que preguntarle al dependiente dónde están las 3, cuando poco más y me quemaban. El caso es que me cobra 4,69 € (chistes aparte) por 6 huevos, un litro de leche y pan de molde, cuando en el Conad me hubieran cobrado la mitad. Enseguía vuelvo yo a fallarle al Conad. Cuando llego a casa quedaban algunas patatas del otro día y como no había ganas de mensa me digo “ánimo Santi, hazte una tortilla”. Me planté en la cocina y pensé “para todo hay una primera vez”. A continuación os dejo mi recetade la tortilla de patatas:
1. Cójanse 4 minipatatas y pélense. Una vez haya comenzado, asegúrese de que el cuchillo con el que lo está haciendo está limpio. Si no, límpiese el cuchillo con los elementos apropiados para ello. Se acepta la mano debajo del grifo, aunque se recomiendan aquellos más dedominio público como un estropajo y gel de ducha. Quiero decir, líquido de lavar los platos.
2. Una vez terminado el paso 1 y habiéndose dado cuenta que no tiene cebollas para darle sabor a las patatas, vierta el agua del recipiente donde estaba pelando las patatas en el fregadero. Recoja los 2 trozos de patatas que se le han caído y decida qué hacer con ellos. Probar a ver si están buenos es una opción, pero le recomiendo que tirarlos a la basura sea la elegida. Échese sal y aceite a las patatas y métase todounos 15 minutos en el microondas. Si tenía las manos mojadas, quítese la sal que se le ha quedado pegada en los dedos porque casi se le puede caer el recipiente y acabar antes de tiempo con el trabajo. Mientras se cuecen las patatas, dúchese. (Opción alternativa: puede ducharse antes de comenzar a cocinar, de hecho es muy recomendable).
3. Después de haberse aseado, saque las patatas del microondas si han terminado. Da igual que sea mejor dejarlas dentro para que mientras prosigue no se enfríen, usted hágalo. Coja otro recipiente. Si no tiene limpio, friegue el que está sucio en la pila de cacharros que tiene acumulada y asegúrese de quitar los restos del café que Alesio hizo esta mañana. Mientras se siguen enfriando las patatas porque su casa protege muy bien del frío y usted no ha caído en que era mejor dejarlas dentro del microondas, bata 3 huevos en el recipiente ya lavado. Admire como los huevos que acaba de comprar en la tienda cara tienen un color mucho más natural y anaranjado que los de la marca Conad, que serán muy baratos pero son color amarillo Simpson. Vuelva a echar sal y mezcle con las patatas ya congeladas.
4. Como usted es uno sólo, ahora tiene la mezcla lista para echarla en una sartén pero ni tiene sartén ni tiene el aceite listo ni nada. Mientras vuelve a dejar como las patatas con el huevo pasan a formar un glaciar, coja la primera sartén que encuentre. A usted le va a dar igual que fuera usada el día anterior para freír, bastará con que quite el aceite sucio, le eche uno nuevo en abbastanza (bastante en italiano) y encienda el fuego. Observe como la grasa que tenía la sartén pegada debajo por no haberla lavado forma un bonito espectáculo de fuegos artificiales en su cocina. El espectáculo es muy bonito pero usted decidirá cambiar de sartén y procederá a verter el aceite ya caliente en otra que encuentra de repente y que está limpia.
5. Por fin hecha la mezcla de patatas y huevo en la sartén y con una espumadera (le recuerdo que si sólo hay una en toda la casa y TAMBIÉN está sucia hay que lavarla) pase a intentar que no se quede pegada la tortilla por los laterales. De vez en cuando realice movimientos ondulantes para comprobar que la tortilla no se le queda pegada. Tampoco hacía falta echar aceite fuera. De buenas a primeras a usted le vendrá la inspiración divina y recordará que una de las claves de la tortilla es que hay que darle la vuelta. En ausencia de platos grandes para obrar tal gesta, no se preocupe porque la tortilla se le esté quemando y friegue. Por culpa de haber echado aceite en abbastanza y como quiere mucho a su brazo izquierdo, póngase un trapo liado en la susodicha articulación. No se preocupe si el trapo tiene vida propia por culpa de la suciedad, está ya ante una situación de emergencia. Como se le vendrá a la memoria que la semana pasada un amigo suyo dio la vuelta a la tortilla encima del fuego y cuando cayó un poco de aceite casi tienen que llamar a los bomberos, usted dele la vuelta encima del fregadero buscando el espacio suficiente entre la pila de utensilios sin fregar y el mueble de arriba. Con éxito le habrá dado la vuelta y habrá comprobado que el daño no es tan malo, todavía se puede comer.
6. El paso 6 es el paso 5 repetido más o menos tal cual pero con un intermedio en el que recordará que la tortilla sola está un poco sosa y tostará pan de molde para añadirle un toque de sabor.
7. Terminada la tortilla, vislumbre como ha finalizado su obra sin quemar la casa y sin haber tenido que tirar del seguro de vida que tiene contratado por ser Erasmus. Eso sí, aunque sea tan plana como una pizza no quiere decir que deba comerse con las manos. Tenedor y cuchillo también están en la pila y se pueden fregar rápidamente.
La mañana del martes vamos a recoger el libro que dejé fotocopiando y compruebo como ATRIL (la copistería de mi facultad en Sevilla) es la más eficaz del mundo porque aquí hay sólo 3 personas delante mía y para darme un libro que estoy viendo desde donde me encuentro tarda el colega 15 minutos. Después de una jornada más o menos normal llega la noche y nos encaminamos a la mensa unos cuantos a ver el partido Madrid – Milano (yo hablo con propiedad que para eso estoy en Italia). Llego para la segunda parte y como ya he cenao y ver un partido sin hacer nada más queda mú soso, me digo a mí mismo que ya va siendo hora de pedirse un cubata en la mensa. Me acerco a la barra y me hago amigo de Antonella, chica joven que trabaja aquí pero es del sur de Italia. El caso es que le pido ron y no tiene, así que por desgracia y como se me ha metido en la cabeza que no me voy sin pedirme un cubata le pido ginebra con hielo. Sí, habéis oído bien, ginebra con hielo Y NADA MÁS porque ahora veréis la gracia. Me empieza a echar en el vaso ginebra sin dosificador (jummm sospechoso) y me lo llena hasta arriba. Su cara es un poema y sé que está pensando que vaya borrachos estamos hechos los españoles, pero me la repanfinfla. Pago 2 euros (SÍ, 2 EUROS) y voy a por un vaso de plástico. Vierto la mitad y me voy a las máquinas de refrescos a echarme Coca-Cola porque no sé cuál es el limón. Cuando sale un líquido que ya no es Coca-Cola sino más bien agua, me da por descubrir el limón y me echo. Resultado: 2 cubatas de ginebra por 2 euros. Opinión general: qué fiasco que la mensa no abra de noche para convertirla en nuestra discoteca particular.
El Madrid gana y nos vamos a la Piazza a beber tranquilamente porque hace buena noche. 3 amigos de aquí llevan camisetas del Madrid y uno de ellos concretamente la de Raúl, y como dijo una vez un sabio conmigo presente “falta Raúl, colega, falta Raúl”, me entra la vena y me hago fotos con la camiseta de Raúl puesta (sí, y del Madrid, LO SÉ) en la Piazza. Puede que me arrepienta el resto de mi vida pero es lo que hay. El resto de la noche consistió vagamente en ir a la disco-pub de siempre, bebernos el cubata que nos había apalabrado el grupo Erasmus y comentar las jugadas de Perugia a los que no habían ido y no estaban aún enterados.
El miércoles Víctor y yo vamos a hablar con Luigi Luini, que es su día oficial. Mientras estamos en el zulo de espera me doy cuenta que llego allí sin saber realmente qué carajo tiene que hacer Luigi Luini y sobre todo QUÉ CARAJO tengo que hacer yo con Luigi Luini. Cuando me entero que ese hombre sólo está para firmarme el acuerdo, y que ese acuerdo realmente no me sirve porque varias asignaturas no existen, le pido a Víctor que me deje ver su lista oficial. Cuando voy a cambiarlas nos toca entrar. Lo hacemos y en mi caso yo llevo un vestido depapeles. Luigi despacha rápido a Víctor y le firma no sé qué y yo como veo que ese hombre va mú acelerao y de repente a mí se me caen todos los papeles me entra el nervio y le digo: yo casi mejor vuelvo otro día. 2º día que vengo a la facultad a ver a este hombre y no consigo nada. GRANDE. A la tercera va la vencida, pero eso decían de Holanda y ahí la tienes (no recuerdo si hay algún holandés en mi lista, pero SE SIENTEEEEE).
El jueves me levanto temprano (a las 8 oiga, récord) para acercarme a mis dos facultades a enterarme de las asignaturas por fin. Dejo tó puteao a Víctor porque le escribo una nota en la que le pido que me tienda la lavadora y lave un poco los platos. Mientras Víctor se acuerdade todos mis defenestrados, yo estoy en Derecho yendo de un tablón para otro para ver cómo encajar mi acuerdo de estudios. Allí lo que veo es un montón de gente arreglada y con laureles en la cabeza. Qué raro, las olimpiadas no son hasta el 2012. Bueno, da igual. Me llego a Económicas y sigo el mismo procedimiento. A las 11:20 tenía una reunión con la famosa Claudia y llego 5 minutos antes. En el zulo ese sin luz llega una mujer que me pregunta con cara extrañada que qué hago allí y le comento mi situación. Ah vale, entra ahora. Entro. Allí está Claudia. Mientras le hablo me doy cuenta que me pasa exactamente lo mismo que me pasaba con Luigi Luini: qué carajo le digo yo ahora a ésta. Balbuceo unas cuantas palabras mientras la colega ni me mira porque está con un catálogo por delante de zapatos y bolsos. La llaman por teléfono. Escucho como encarga 2 pares de zapatos de color marrón y un bolso negro. Cuando termina, me dice que con ella sólo tengo que hablar si me he cogido asignaturas en inglés, que no es el caso. La reunión se suponía que tenía que durar 20 minutos, y no llega ni a 5. Me voy después de haber tenido 3 reuniones en esa facultad y sin tener resultados, pero al menos por mi cuenta ya tengo la lista deasignaturas y mi horario. Pá tener sólo 5 asignaturas este cuatrimestre, tengo clases de lunes a sábado. SÍ, EL SÁBADO TAMBIÉN. Y el viernes a las 8 de la mañana. Grande.
Ese día por la tarde sucede una de esas cosas extrañas que pasan cuando no tenías absolutamente ni planes ni ganas de salir y al final te lían y te lo pasas padre. En el descanso del curso de italiano, una compañera de mi clase que es polaca y se llama “Ola” (sí, pensasteis lo mismo que yo) me dice que hace una cena polaca en su casa y que van a ir unos cuantos, que si quiero que lleve vino y pan. Bueeeno, pues habrá que ir. El murciano y yo nos plantamos sin conocer apenas a nadie en una casa con 15 personas dentro de diferentes nacionalidades: 3 italianos, 2 alemanes, 2 polacas, una checa, 2 húngaras, 3 españoles, 2 portuguesas y 3 más que no recuerdo de dónde eran. Quien se haya puesto a contar habrá comprobado que éramos más de 15. Nos jartamos de comer y se ve que no sólo en la Feria de Sevilla se suele acompañar a la abundante comida con abundante bebida. Luis y yo nos miramos: no sabemos cómo siempre se nos va de las manos.
Si el jueves me acosté a eso de las 2 y el viernes me levanté (tomen buena nota) A LAS 6:30 DE LA MAÑANA, eso quiere decir que dormí, quitándole la media hora que nunca consigo dormir por las noches, 4 horas. Mientras me cargo un café en mi cocina lo más que puedo, veo amanecer por la ventana en la Toscana. Uffff prefiero no ponerme sensible, pero un amanecer en la Toscana es espectacular. Salgo lo más abrigao que puedo a la calle y como no hay nadie, cuando me cruzo con el típico viejecito con su abrigo beige, bufanda marrón a cuadros y gorrito a juego pal frío, no puedo evitar decirle “buongiorno, signore”, a lo que él me responde: “buongiorno, ragazzo”. Qué feliz soy. Llego a la facultad. En serio, no quiero que me tildéis de exagerao, pero no había NADIE, y cuando digo NADIE, es NADIE. En ese momento pienso: lo mío se merece un premio, deberían aprobarme ahora mismo todas las asignaturas del Erasmus. Entro para preguntar dónde está el aula a la que tengo que ir y hay 3 personas: la limpiadora, la de mantenimiento y la secretaria que me responde. Cuando me mandan al otro edificio, allí ya hay más vida: 4 estudiantes. Les vuelvo a preguntar a ellos y me mandan a una puerta del fondo. Cuando entro allí pienso que se han reído de mí porque no hay nada ni nadie. Doy varias vueltas. Sin señales de vida. Vuelvo a subir y pregunto a otras 2, que me dicen que es abajo en la puerta blanca que he visto cerrada. Genial, ¿a que me he levantao hoy temprano para que no hubiera clase?? Me siento en las escaleras en ese zulo delante de la puerta, y al rato baja una mujer a abrir la puerta. Entro solo a un aula magna a la que poco a poco empiezan a llegar estudiantes sueltos. Cuando entra la profesora hemos llenao las 4 primeras filas, que no está mal, ¿pero el resto del aula pa qué carajo sirve?
El viernes 22 de octubre de 2010, a las 8:15 de la mañana y con un sueño considerable, empieza mi primera clase de la Universidad en italiano del 4º año de mi carrera. La profesora es joven, simpática y da sus clases por diapositivas. La siguiente clase la tengo a las 10 con Luigi Luini. Cuando falta media hora, Luigi se debe pensar que tengo un problema porque mis hojos se cierran solos. Cuando salgo, voy a la mensa. Tengo a las 4 una clase de presentación de informática y varias opciones: a) ir a esa clase; b) ir al curso de italiano; c) quedarme durmiendo en casa porque en ambas caería a plomo muerto de sueño. Aunque los que me conocéis sabéis que soy muy responsable, creo que sobra decir la opción que elegí. En la mensa les comento a mis amigos que no cuenten conmigo para esa noche.
Me levanto de la siesta de 4 horas y Víctor me dice que esa noche hay fiesta española en Vanilla, la discoteca a las afueras de Siena. Me cago en Víctor y en todos mis amigos, cuando uno dice que no cuenten conmigo es porque espera que comprendan que no puedo decir que no y que basta que haya dicho eso para que mi palabra de caballero quede ahora a la altura del betún. El caso es que cómo no, al final me animo, y vamos a casa de Feli a pasar el rato antes de ir. Casa de Feli es básicamente un pasillo largo con camas a los lados, y allí estamos nosotros los españoles que somos 15 y todas las tías que estaban en la cena polaca del otro día que no me puse a contarlas porque pasaba. Cuando fuimos a coger el bus para la disco, esta vez, aprendiendo de la última vez, matamos a todos los de nuestro alrededor para poder entrar en los y lo conseguimos. Cuando entramos en la discoteca, comprobamos que la fiesta es española porque te regalan unos sombreros mejicanos y unas maracas. Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh claaaaaaro.
El sábado soy el tío más feliz del mundo: me ha llegado la beca. Mi primera idea es gastarme todo el dinero ese día y pasar a la historia delos Erasmus, pero todavía soy muy joven para morir a manos de mis padres y le cedo el protagonismo a otro. Después de 3 semanas ya aquí, y Víctor un mes, por fin nos sentamos con Alessio a hacer un planning del lavado de la casa. Baño y cocina, tampoco hay mucho más donde rascar, aunque miro a los dos lados y pienso: no, es MÁS que suficiente. Por la noche volví a repetir que iba a cenar a la mensa y después a casa pero ya aquí soy un desgraciado en el que nadie cree y nos vamos a la plaza porque está llena de gente. Al final no me arrepiento porque conocemos a unos amigos italianos del gallego que le dan clases particulares y estamos toda la noche parlando en italiano. Dos de ellos son sicilianos, uno habla un español perfecto con acento granadino porque estuvo de Erasmus allí, y otro es EL PROTOTIPO PERFECTO de italiano y además del sur…pero nos acojonamos cuando nos dice que es un proxeneta y a Víctor no se le ocurre otra cosa que llamarlo mafioso…en fin, la cara del tío no nos ayuda a relajarnos pero por fortuna a los 5 minutos descubrimos que todo era una joda para videomatch y el mafioso siciliano sólo se queda en siciliano, que ya es más que suficiente. Después nos dicen que van a la fiesta de una contrada, la de la Jirafa, que es abierta al público. Allí que vamos y comprobamos que pública o no, la gente nota que no eres de la contrada y algunos te miran raro, pero nos la suda abbastanza y bailamos grandes éxitos como “bamboleo” y alguna de Rafaela Carrá. Allí sí que se saben montárselo bien porque han montao una discoteca en una especie de palacio de la contrada, con frescos y arcos de piedra, y con todos los del barrio borrachos perdíos, tengan la edad que tengan. Primera fiesta del Palio a la que voy sin ser de la contrada y el balance esde ningún herido: vamos bien.
El domingo, y para que se quede tranquila mi madre, viene la parejita de Madrid (Víctor y yo hicimos de la otra pareja y fue comida en plan matrimonios) a comer a nuestra casa y traen ellos todo el material: patatas fritas de bolsa, Coca-Colas, jamón ibérico, carne de cerdo, tomate para freír, pan…y Víctor y yo freímos unas patatas y nos ponemos todos púos comiendo su jamoncito, su carne ibérica con tomate, sus patatitas fritas…eso es así, compadre, de sevillanas maneras. La tarde se ameniza con una guitarra, unos vídeos de youtube y unas briscas. Mi cargo de conciencia hace que en un momento dado me vaya a mi cuarto a ponerme con el tema de las asignaturas y tal mientras el resto se van a la mensa y después a bailar salsa a un irlandés. Me vuelvo a merecer un premio por esto. Mientras ceno, veo Deep Impact. Los gritos en italiano suenan igual que en español.
Os dejo advirtiéndoos que mi receta de tortilla de patatas tiene marca registrada y que a nadie se le ocurra copiármela.
P.S: yuju wei. Yuju wei.
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