Relatos

El humor

Se miró una vez más al espejo. Hoy había cambiado algo. Le habían salido 3 pelos pequeños y revueltos mal puestos que dibujaban una graciosa forma. Se los tocó y amasó entre los dedos: estaban bastante estáticos. Suspiró mientras intentaba recordar cómo estaba hace unos días. Se le entremezclaban las semanas, pero se recordaba calvo absolutamente, sin un pelo de tonto como solía decirse en el lenguaje que le había tocado conocer. Eso sí, el resto de su cuerpo no había cambiado nada. La nariz grande seguía ahí, y se puso las gafas que casi siempre le acompañaban, pauta inamovible con el paso de los años. Nada parecía indicar que aquello fuera a cambiar.

Como todos los días, se había despertado esa mañana sin saber qué haría hoy, pero eso no le importaba: sabía que algo ocurriría tarde o temprano, salvo los días en que su jefe no trabajaba y le tocaba librar a él. Aguardó un rato allí recostado, haciendo tiempo y reflexionando sobre su existencia. Antes de que le pasara como en otras tantas ocasiones en el pasado, empezó a contener las ideas que se arremolinaban en su cabeza. “Todo el mundo tiene unos progenitores. Alguien que te trae al mundo, que te hace nacer, y sin tú decidirlo, tu completo ser depende de una o varias personas de las que no puedes desprenderte e independizarte así como así. Tú no eres diferente. Eres exactamente igual que los demás”.

Contenido el agobio y sobrepasada otra crisis existencial, se desperezó poco a poco y empezó a buscar un sitio donde sentarse en aquella especie de sala sin paredes ni fondo visible. Una vez ubicado, comenzó a esperar qué le tocaba hacer ese día. La cosa daba para dar caña con el tema de las pensiones. Si no, el procès siempre era recurrente en los últimos meses. O quién sabe, a lo mejor hoy tocaba sacar a relucir la cuestión del control de armas en Estados Unidos y Trump. A ver qué se le ocurría a su jefe.

No se dio cuenta del paso del tiempo, si es que para él existía, y creyó que ya era hora de que le pusieran a trabajar. Pocas veces había hecho lo que iba a hacer, pero lo consideró conveniente. Se levantó, alzó la cabeza, carraspeó, y le habló a ese cielo blanco que le cubría:

Ejem…¿Antonio? Oye creo que tas quedao dormido. ¿Cuándo empezamos a trabajar hoy?

Tardó un poco, pero pasados unos segundos que se le hicieron eternos, una voz que lo envolvía todo le contestó.

Me temo que hoy no va a poder ser.

¿Hoy no? Vaya, no sabía que hoy cogías vacaciones. Bueno, voy a hacerme un bocata entonces y a desayunar tranquilo.

No, no lo entiendes. La cosa es algo más complicada. Creo que…creo que ya no voy a requerir más de tus servicios.

Diría que se quedó blanco, aunque en su caso no podía quedarse más blanco de lo que estaba. Al fin y al cabo, un monigote sobre fondo blanco no podía estar literalmente más blanco.

Pero pero…¿cómo es eso? ¿Me despides?

Qué más quisiera yo, viejo amigo. El caso es que, como les pasa a todos los humanos en la vida, creo que ha llegado mi hora.

Esto sí que fue un mazazo.

Gensanta…¿qué me dices? Bueno y…cómo estás.

No te voy a mentir, he tenido días mejores. Pero bueno, creo que me voy en paz y dejando un bonito legado.

Si tú lo piensas, no sé yo qué decirte…¿la gente ha dejado de votar a todos los que te caían mal?

No, eso no pero…

Y el hambre en el mundo, la guerra, la desigualdad…todo contra lo que luchabas y no parabas de insistir en tus viñetas, ¿han desaparecido?

No, por desgracia no.

¿Entonces?

Creo que estás siendo un poco injusto conmigo, ¿no crees? Que encima que te he creado… verás, está feo que yo lo diga, pero en un día como hoy creo que me lo puedo permitir. Hay muchas conciencias que he despertado y a las que he hecho pensar. Hay cuestiones que la gente pasaba por alto, pero con que una sola de las personas que me leyeran se parase a pensar aunque fuera un minuto en esa idea plasmada a través de un simple dibujo, creo que merecía la pena el esfuerzo. He tenido reconocimiento internacional, quizá no tanto como otros, pero ahí ando. Pero lo más importante de todo, lo que creo que más mérito tiene, es que he conseguido hacer todo eso mientras la gente se reía.

¿Y no crees precisamente que eso le quitaba seriedad a tus críticas y reflexiones?

Para nada hombre. El humor es un arma muy poderosa, más de lo que mucha gente se imagina. El humor demuestra inteligencia y habilidad mental en estado puro. El humor consigue convertir el llanto en risa y disfrazar lo serio de divertido, sin que la esencia de lo que haya detrás desaparezca. Enfocar las cosas con humor no nos evade de la realidad, simplemente nos la transmite de otra manera. Y créeme que muchas veces no es fácil conseguir que la gente se ría con ciertas cosas, y al mismo tiempo estar haciendo crítica. Pero donde otros fracasaron o pasaron sin pena ni gloria, yo he obtenido la matrícula de honor.

Se quedó un rato pensando en lo que le había dicho. No le faltaba razón. Pero de repente cayó en la cuenta de una verdad aplastante y demoledora. Tanto hablar del humor le había hecho olvidar que su creador se iba. Desde que le creó Antonio había aprendido muchos conceptos en tantos años, y uno era el de la muerte. Algo que a él creía que no le aplicaba, pero se dio cuenta de que sin su dibujante, él desaparecía.

Pero cagondiez, un momento. ¿Y ahora qué será de mí?

Hombre gracias por preocuparte tanto por tu amo y señor.

Claro porque para ti es fácil. Tú vas al cielo y esas cosas que tantas veces has dibujado y en la que me has colocado a tu divino antojo. Te harán homenajes, reportajes y documentales biográficos. Te incinerarán y tendrás una bonita ceremonia. Tu familia, amigos, gente que no te conocía pero te leía te recordará siempre. Pasarán generaciones y seguirán publicando tus viñetas. Tus palabras permanecerán en el diccionario de la Real Academia. Fans tuyos intentarán imitarte, aunque no lo consigan. Compañeros de profesión mañana dibujarán en tu memoria y te dirán cosas como ‘hasta luego’ y tal. ¿Pero yo? ¿Qué pasa conmigo?

Veo que en todos estos años has aprendido poco, o más bien he sido yo mal maestro. Llegado este momento en mi vida, he de confesarte algo. Tu posición es mucho mejor que la mía. Tú no vas a morir. Tú seguirás atado a esta irónica existencia por los siglos de los siglos. A mí me buscarán en Internet y verán alguna foto mía, sí. Oirán mi nombre y puede que alguno recuerde mi cara. Los que menos, hasta mi voz. Pero ninguno podrá evitar enlazar directamente mi nombre contigo. Tú y yo somos inseparables, amigo. Y la suerte o la desgracia es que donde yo muero, tú sobrevives.

Pero no te entiendo. Tú vas a dejar de dibujarme. Mañana no habrá nadie que me use para criticar la corrupción política, los desahucios, para acordarse de Haití, para enviar corazones a Cataluña, para lanzar insultos finos pero afilados como cuchillos a los banqueros y empresarios.

Yo me voy, pero quedan mis creaciones. Quedas tú y todo aquello donde te he plasmado. Mis ideas perdurarán a través de ti, por eso tú sobrevives. Y de alguna manera, así, yo sobrevivo en parte contigo. Y además hay otros, y habrá muchos otros con suerte. No soy el único que dibuja, ¿sabes? Ni el único que juzga indiscriminadamente sin importarle el quién ni el cuándo, ni tampoco el único que hace reír.

Ya, puede que tengas razón…pero creo que ninguno lo hará como tú, amigo Forges.

Forges

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11 comentarios sobre “El humor

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