Opinión·Pavia

38 días

Pocos días antes de volverme a Sevilla por las vacaciones de Navidad entro en el Correos italiano para enviarle una carta a un amigo mío. Dentro hay una tienda donde, entre otras cosas, se venden imanes para frigoríficos. Algo aparentemente bastante inútil. Mientras espero mi turno aburrido, me da por fijarme en los mensajes que contienen, y sorprendido leo uno que me llama la atención:

Sempre che mi chiedono per la mia età, non posso dirla con correttezza…cambia ogni giorno(Siempre que me preguntan por mi edad, no puedo decirla correctamente…cambia todos los días)

 Después de esto, es lógico que muchos penséis “Santi se emociona con cualquier cosa” ó “que le tenga que hacer reflexionar sobre eso un maldito imán para frigorífico…” Pues qué le vamos a hacer, estaba en mis últimos días antes de volverme a España por más de un mes y el “espíritu navideño” estaría latente en Correos. Y ahora me pilláis recién aterrizado en Sevilla.

En las pocas horas que llevo aquí he podido apreciar que en estas épocas se dan siempre las mismas noticias (quitando la que se refiere al hecho de que hace mucho tiempo unos señores decidieron parar su calendario el 21 de diciembre de 2012). La Lotería de Navidad, las compras navideñas, las diversas opciones de ocio para fin de año, lo caras que están las gulas y las gambas en el mercado, los niños que entran en el salón y abren los regalos de Reyes…el espíritu navideño que estaba en hibernación sale de su letargo y vuelve a inundar calles con luces, olor a castañas asadas y belenes.

Y junto con él, también salen de su letargo las ganas que tenemos todos de celebrar la vida y pasarlo en grande. En vez de sentirnos tristes por pensar que un año se ha acabado y no se volverá a repetir nunca jamás, celebramos que otro año comienza. Optimismo, que dirían algunos. Yo prefiero llamarlo falta de memoria.

Sí, porque parece que tengan que llegar los fines de años, las fiestas del verano, nuestros cumpleaños, la Feria de Abril o Semana Santa, para que recordemos que “joder, estamos aquí, la vida son dos días y hay que aprovecharla al máximo”. Y quizá la culpa la tenga el hecho de que contamos nuestra edad por años. Como bien rezaba el imán, no es lo mismo que yo diga que tengo 23 años y unos meses que diga que tengo, aproximadamente, 8.617 días. La concepción de la vida cambia. Y sobre todo si me pongo a pensar en que me quedan aquí, si seguimos estadísticas y tengo suerte, unos 20.948 días de ella.

Pero tranquilos, esta entrada no quería que fuera para ponerme pesimista y triste y agobiaros a vosotros haciéndoos calcular los días restantes que os quedan en la Tierra. Todo lo contrario.

Llevo 91 días en Pavía. Y parecen muchos más. He viajado, he conocido gente, he bebido, he estudiado, he unido las noches con las mañanas, he fumado, he besado, he abrazo, he reído y aún no he llorado, pero tiempo al tiempo. Y todo en un modo tan intenso que cada día parece más cierta la afirmación que hizo un amigo mío: “el Erasmus es un paréntesis en tu vida donde parece que aprovechas el tiempo 10 veces más de lo que lo hacías antes”.

Fuera del Erasmus, tengo una vida increíble: una familia que me quiere, amigos a patadas dispuestos a darme un sincero abrazo cuando me ven de vuelta, salud, dinero más que suficiente, estudios, suerte prácticamente en todo lo que he hecho. Y sobre todo una actitud de atesorar el tiempo que comparto con muchos de los que están a mi alrededor. Pero parece que el Erasmus exprime al máximo el concepto del tempus fugit por aquello de que dura lo que dura y en el paréntesis que definió mi amigo crea una atmósfera de juventud eterna que parece que nunca se va a acabar. Pero se acaba, chavales, se acaba.

Así que me gustaría que algunos de los que estáis leyendo estas líneas tengáis presentes que, por mi parte, tengo 38 días en Sevilla para disfrutar de vosotros. Y después volveré a Pavía donde os pido a otros por favor (aunque sé que no hace falta) que aprovechemos juntos cada uno de esos días, dándonos la sensación de que todos aportaron algo y ayudaron a que no tuviéramos que contar los que nos quedaban allí.

Yo pienso ayudar a ello.

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