Pavia·Viajes

Torino sin premio

Así soy recibido en la estación de tren de Turín.

Mis bellissimas niñas italianas, Giulia e Ilaria, me vienen a recoger con una pancarta que no augura un mal fin de semana. Como en plan GORDO me había comido un menú del Burger para desayunar en Milán, no me hace falta almorzar, y maleta en mano me dan una vuelta por la ciudad. Mu bonito tó.

Giulia se quiere hacer un tatuaje de la madeja del símbolo de Sevilla (se ve que le dejó marcada, si es que mi Sevilla es mucha Sevilla) y la acompañamos al sitio correspondiente. Mientras saludamos al colega que le va a hacer el tatuaje, nos dice en voz baja cual mala cotilla que nos asomemos un momento que está un atleta del equipo olímpico de natación. Si sería de verdad o no, no lo sé, pero espero que no pensara “vaya tío maricón” al ver mi cara cuando de repente salió del baño sin camiseta.

Después de hacer el descubrimiento del mes, el café marrocchino (sin premio) con Nutella untada en los bordes del vaso (((cara de Homer Simpson baboso))), nos vamos a casa de Giulia a relajarnos antes de la fiesta. Vive con un siciliano tó güena gente y otra chica que llega el domingo y que por azares del destino conoceré ese día y me enamoraré. Nos han invitado a ir a casa de uno de sus amigos a cenar y tomar algo, y a ello se nos une la otra Ilaria (habrá pocas Ilarias en Italia y yo las conozco a todas). Antes de llegar a esa casa recogemos en Piazza Vittorio a Pablo, que por fin el mamón no está malo. Una vez terminado de asustar a sus amigos con las desfachateces que gritamos al vernos (en verdad dudo que se asustaran, si conocen medianamente a Pablo…), nos vamos a la casa esa donde todo lo resumiré con una foto:

Como Pablo está en Turín por un viaje organizado con su Asociación Erasmus de Bologna y no es plan de dejar a sus amigos sin su presencia (y especialmente sin la mía, ya que estamos en la misma ciudad… #Humildat), nos vamos a terminar la botella de Pampero al botellón que tienen montado en la calle. Después nos vamos a una discoteca de allí cerca donde una tal Victoria (alias Vito) tira deliberadamente de mí y hace que nos caigamos de espalda en medio de la discoteca. Muy buena presentación en sociedad a los amigos de Pablo en Bologna. Quiero agradecer profundamente desde aquí a Vito su ayuda. Cerramos la noche en otra discoteca donde haciéndonos pasar por españoles (mmmm sí, un poco raro, me tuve que hacer pasar por un Erasmus español que no tenía ni papa de italiano, y lo mismo las italianas) conseguimos entrar sin pagar. Buena música, se notaba que la ponían acorde a los cientos de Erasmus españoles que había allí metíos.

Y llegó el sábado. Momento en que dejo la casa de Giulia para irme a la de Sofia, chica portuguesa que conocí en Siena y que está en Turín ahora por 6 meses. Vive en un piso en el centro donde convive con el ciento y la madre de peña, entre ellos con una chavala de 30 y pocos años, china, y con dos niños. Sin sentido. Sobra decir que la madre es la primera en pegarse unas juergas padres considerables, y en llevarse de vez en cuando los niños a la fiesta. Aro que sí, mu wena educasión pá esos niños.

Y llegó el sábado noche. Sofia me había avisado que había una fiesta tremenda por la noche, pero se ve que o no me la explicó bien o el alcohol está borrando mi capacidad de atención. Pago 15 euros, me llevan en coche a una casa en el campo…y comienza la “American Party”.

Seguramente todos hemos visto la típica película americana donde un jipi que nadie conoce ha abierto las puertas de su casa de dos pisos y con jardín (piscina también si estamos ante el nivel Premium), hay un tal John que quiere perder esa noche la virginidad con una tal Jessika, y hay un gordo borracho que termina por ser el alma de la fiesta y por ligar más que el chulito del capitán del equipo del insti de fútbol americano. Pues yo ya puedo decir que he estado en una parecida.

Cuando menos gente hay al principio de todo me dan de comer, y luego la casa se prepara. Altavoces industriales, mesa de DJ, barra en la cocina donde unos encargados te dan de beber lo que le pidas hasta que termina la fiesta, portero para controlar los desfases, guardarropa improvisado, segunda planta sólo para VIP’s (donde por cierto entré porque yo soy así, un carsao). La cosa viene a desmadrarse cuando llegan a la casa las 300 personas que estaban calculadas que iban a venir. Mae mía, loco. Project X. Concursos de beber cerveza con embudos y gafas de buceo, gente que va grabando vídeos profesionales rollo Tomorrowland, pistolas de agua con bebidas espirituosas, mucha música, máquina de humo, y nos dan las 6 de la mañana. Cuando me voy de la casa el último, por allí parece que hubiera pasado un tornado borracho.

A la mañana siguiente lo que queda de mí abandona Torino (SIN PREMIO) sin haber hecho mucho turismo, con ganas de volver, teniendo que hacer una visita express a casa de Giulia a recoger mi cargador olvidado, con un jersey menos (se me va la pinza) y con unas ganas locas de que me vuelvan a invitar a un fiestón como el del sábado.

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