Pavia·Viajes

Oktoberfest

Cerveza, gente…y pechos. TODO en cantidades industriales. Así resumiría yo el Oktoberfest.

De Pavia salimos por la tarde, algunos ya cocidos (si se va al Oktoberfest se va bien, ir pa ná es tontería). Habernos convocado nos habían convocado a las 9, pero los organizadores son italianos, y entre unas cosas y otras nuestros buses no salen hasta las 00:30. AFIRMATIVO. Se libran porque nos dan desayuno, camiseta y cervezas. O eso voy pensando yo hasta que mi autobús se transforma en una maldita cámara frigorífica. Al menos la parte de arriba, porque en la de abajo se están asando. Mí no entender. “El cielo y el infierno están en ti” dijo Omar Khayyam. Un carajo, Omar, el cielo y el infierno están en mi bus y Jesús se ha colao con el aire acondicionado.

El caso es que cuando llegamos por la mañana a München, por las ventanas de los buses vemos a los primeros alemanes vestidos para la ocasión y bebiendo. Y sólo son las 8 y media. Noooo pero en España nos gusta la fiesta y somos unos borrachos…JÍ PACO. Como donde fueres haz lo que vieres o eso me contó no sé quién, me bebo las dos latas de cerveza que nos han “regalado” y andamos hasta el recinto del Oktober.

Feria de Sevilla, te han ganado.

Aquello es más grande que la nave de Star Trek y, a diferencia de la Feria de Sevilla, está tó mezclao: cacharritos, puestos de comida, tirapichones y casetas. Bueno, casetas. Casetones diría yo. Cada una con una marca de cerveza diferente.

Son apenas las 10 de la mañana y no hay ni puta gana de beberme más cerveza de momento, así que unos cuantos nos separamos y nos vamos al centro de la ciudad. Munich no es fea y se deja querer, especialmente porque hace muy buen tiempo, pero tampoco os voy a aburrir contándoos todo lo que vi y resumiré diciendo dos cosas:

  1. Fui a ver el Allianz Arena. Y justo jugaba el Bayern contra un equipucho de no se qué.
  2. Entramos en un parque donde había gente en pelotas, tal cual.

Para ir calentando que ya era la hora de comer, nos pedimos una cerveza en uno de los puestos del estadio para amenizar la vuelta en metro.

Mierda. Mierda mierda. Ya decía yo que nos habían recomendado que la visita a la ciudad la hiciéramos por la tarde. Y que cogiéramos sitio por la mañana en las “macrocasetas”. Allí no es que haya más gente que en la guerra o que en la cola del INEM de España, ES QUE ME TIENEN ACOLAPSAO EL JODIDO RECINTO. No cabe nadie más. Literal. De repente el no haber hecho caso a los organizadores del viaje no me hace ninguna gracia, pero por fortuna conseguimos entrar en una de las casetas. Pequeña, ambiente típico bávaro, orquesta tocando música alemana. Y jarras de litro de cerveza. Grande.

Cuando nos echan de esa caseta, no paramos de dar vueltas por el recinto buscando otra donde meternos. Luego dirán que la Feria de Sevilla es sibarita, privada y cara. Que se vayan a Munich a ver qué me cuentan cuando, si consiguen entrar en algún lado, van a pagar 10 euracos por una jarra de litro. Como pasa más de una hora y no es plan de inmolar a la gente esperando fuera y a la vez a la de dentro para que nos hagan sitio, decidimos salirnos del recinto a buscarnos la vida.

Y vaya si la encontramos. Justo al lado, una caseta con jarras de litro un 30% más baratas. Deme 10.

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