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No quedan días de verano

El éxtasis del final de «Los días raros» cuando acaba un concierto de Vetusta Morla.

Una noche cualquiera de cervezas donde el «tomamos algo en plan tranquilo» acaba donde menos podías imaginarte.

Un festival de verano que te provoca resaca emocional.

El placer de madrugar por viajar.

El olor de la comida de tu madre cuando vuelves a casa.

Teletrabajar desde la playa, con la armonía de fondo de los niños jugando en la piscina donde dentro de un rato bajarás a descansar.

Poner a todo volumen la música en el coche y desgañitarte cuando sabes que nadie más te oye.

Las siestas sin despertador.

Los mojitos y las caipirinhas.

Celebrar el Orgullo porque quieres que todo el mundo ame como tú amas el verano.

Sumergirte en un libro mientras tus pies acarician la arena de la playa y el griterío de alrededor se hace silencio.

Las cervezas del chiringuito y el concierto de un grupo que desconoces pero que no quieres que acabe.

Los cines al aire libre, con palomitas siempre mejor.

Escanciarte sidra en los botines aplaudido por gente que sabe mejor que tú.

Aparcar el coche en una playa desconocida con el regalo de que no haya nadie.

Las Olimpiadas, Mundiales, el Tour y los torneos de verano.

Las carreras de caballos de Sanlúcar…y las tortillas de camarones de después.

La lágrima que se te escapa con el sonido de la gaita al entrar en la Plaza del Obradoiro.

Un tardeo por Castaños y una noche en el bingo.

Luis tocando unos acordes de guitarra por la noche en la caleta mientras nada más en el mundo importa.

Aste Nagusia, ze polita zaren.

Bailar en una boda hasta destrozarte los pies y que te dé exactamente igual.

Una Feria de pueblo, una verbena…cualquier excusa, una chorrada, es buena para brindar.

La morriña de volver a escuchar las gaviotas en el barrio de casa de tu abuela como bienvenida, un año más y que no falles nunca, al norte.

La punzada en el corazón en el último atardecer de agosto, y las ilusiones del curso que empieza.

No quedan días de verano, como dice la que se descubrió el torso delante de tantos y por tantas, pero esperemos que nos queden muchos veranos.

Y hagamos que todos los días de nuestra vida sean verano.

Porque verano es dejarse llevar.

La vida es dejarse llevar.

Y suena demasiado bien.

2 comentarios sobre “No quedan días de verano

  1. Muy bueno, Santiago. A ver si no espacias tanto tus escritos del blog.
    A mi el final del verano siempre me producía una melancolía producto, seguramente, del final de las vacaciones, de tener que empezar a trabajar, del cambio de los tonos de la luz por la cercanía del otoño… pero eso ya pasó. Es lo que tiene estar jubilado.

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