El post del viernes

El post del viernes (LXXVI)

Muy pero que muy buenos días, Valentines!!!

Pues sí, casi 2 años después de mi último post del viernes, en un periplo que me ha dado por tener achaques de escritor mediocre con historias muy variopintas que habéis aguantado estoicamente, me da por volver a este esquema que, en el fondo y no sé vosotros, yo echaba una miajita de menos. ¿El esquema? Ah, tampoco es que cambie mucho a lo que he venido haciendo: escribir de lo que me sale de las pelotillas sin un orden lógico. Ya sabéis: algún día me da por adoctrinaros políticamente, otro salto de un tema a otro sin mucho sentido, y en ocasiones me da por meteros con calzador el origen de alguna frase, expresión, dicho o historia para culturizaros un poco. Que falta os hace.

En 2 días se van a cumplir 10 años desde que, estando yo de Erasmus en Siena (qué pesadito soy con el tema que parece que no tengo vida más allá de ese año), salía yo de la facultad de económicas de una clase de vete tú a saber qué asignatura y recibí una llamada vía Wind, esa compañía telefónica que parecía tener el monopolio de todos los estudiantes Erasmus. Os preguntaréis: ¿Erasmus? ¿Yendo a la universidad? ¿Un 14 de febrero? Pues sí, ni de Erasmus enterraba la nutria en un día tan señalado. El caso es que la llamada era de Víctor, el que era mi compañero de casa por entonces, y digo CASA, con todas las letras, no PISO, CASA con vistas A LA JODIDA TOSCANA QUE NO HABÉIS TENIDO NINGUNO EN VUESTRA PUTA VIDA PORQUE SOIS UNOS TIESOS Y YO NI DE ERASMUS, QUE BEBÍA CON HIELOS EN ITALIA CHAVALES QUÉ COÑO OS CREÉIS. HACÍA MÁS FRÍO QUE EN LA COMUNIÓN DE PINGU EN ESA PUTA CASA Y ME TIRÉ TODO EL AÑO RESFRIADO QUE NI EL COVID ME HUBIERA AFECTADO TANTO PERO QUÉ VISTAS MÁS BONITAS TENÍA POR LAS MAÑANAS HOSTIA.

Bueno, que me caliento. El caso es que Víctor me llamaba para proponerme algo. Pero a su manera claro:

“Illo, ¿tú quiereh un coneho?”

“Cómo que si quiero un conejo, Víctor, qué dices”

“Que si quiereh un coneho”

“Pero cómo voy a querer un conejo, qué me estás contando que acabo de salir de la Universidad, es ya de noche, hace un frío que pela y soy el único de todos los del grupo que hace algo provechoso y me vienes con éstas”

“Illo, que estamos en una tienda de animales, hemos visto un coneho enano gris mú bonito, y lo vamos a comprar repartiendo el precio entre todos. ¿Lo quiereh o no?”

“¿Pero estáis locos? Que estamos en febrero y nos vamos en unos meses, ¿y luego quién se queda el conejo? Además que un animal necesita estar pendiente de él y hay que cuidarlo, que luego nos vamos de viaje y ¿qué hacemos con él? Además que no es un juguete, que eso necesita vacunas, veterinario, alimentación…todo eso cuesta un dinero y luego a ver quién paga las copas en la discoteca. Y si encima repartimos entre 10 o 15 personas, a ver cómo nos ponemos de acuerdo para ir custodiando al conejo, transportarlo, cuidarlo…que es una movida Víctor, que no, que estáis mal de la cabeza, que somos unos cafres y el conejo se muere en cero coma”

“[silencio de 3 segundos]…illo, ¿que si quiereh er coneho o no pa incluirte en los cálculos? Que estamoh pa pagar”

Argumento irrefutable, claro, ante el que tuve que claudicar y pasé a entrar en el grupo de esos chavales Erasmus que un 14 de febrero van y se compran un conejo, mira tú la ironía, que encima al final terminó resultando coneja, y que por ser originales le pusieron Valentina. Valentina Sedici (dieciséis en italiano, porque la terminamos pagando 15 personas y ella era el miembro número 16 de nuestra pandilla). La pobre Valentina eso sí fue el miembro más fugaz del grupo: llegó un 14 de febrero, y por junio aproximadamente se murió en mis brazos el único animal de compañía que he tenido en la vida. Comprenderéis por qué en Greenpeace no me aceptan como socio, tengo pesadillas con conejos gigantes que me juzgan y me condenan, y el día de San Valentín tiene ese sabor agridulce cada año.

Y como en 2 días muchos estaréis celebrando el también conocido como Día de los Enamorados y que se cumplen exactamente 11 meses de este maravilloso estado de alarma (que menos mal que no hemos aplicado literalmente TODAVÍA porque “alarma” viene del italiano all’arme, que significa “a las armas”, grito de los soldados que luchaban contra los españoles en el siglo XVI y que avisaba de que los tercios venían a cargar…y os acabo de colar el bonus track), no podía dejar pasar la oportunidad de regalaros el fantástico origen del Día de San Valentín para que deleitéis a vuestra pareja, folleteo Tinder o lo que queráis, y así tengáis opciones de enterrar la nutria un ratito o que os la entierren por donde os apetezca.

Claudio II fue un emperador romano que gobernó apenas 3 añitos, del año 268 al 270 cuando murió, por cierto, supuestamente por una epidemia de viruela o peste (nos persigue). En una época en la que el cristianismo era perseguido por el Imperio, los soldados romanos creyentes tenían prohibido casarse por el rito cristiano. Obviamente siempre ha habido revolucionarios y peña con poco o nada de apego a la vida y con ganas de luchar por unos ideales que ya ves tú. Y en esto estaba Valentín, un cristiano que se dedicaba a casar en secreto a los soldados romanos con sus respectivas. Roma al final era como un pueblo y la noticia terminó conociéndose, llegando a oídos del propio Claudio que ordenó la detención de Valentín. Lo que en principio iba a ser una reprimenda y expulsión del país terminó yéndose un poquito de las manos y ordenaron la decapitación de Valentín nada menos (así que Pablo Hasél puede estar hasta contento). En los días previos a su corte de pelo extremo, Valentín entabló conversaciones en la cárcel con la hija del juez titular que acudía por allí. Esta chica resultaba que era ciega, y Valentín como no era médico no podía ofrecerle otra cosa que no fuera rezar para que dejara de ser ciega. La leyenda dice que el día en que era conducido al cadalso, Valentín le dio una nota escrita a la hija del juez, que no entendía nada porque claro, era ciega y pa qué le daba un papel, pero resultó que cuando giró los ojos hacia la nota de repente toma milagro y ala, pudo leer el papel que decía “Tu Valentín”. Con algo tan cuco, la hija del juez se quedó prendadísima, enamorada para los restos, mientras veía como desgraciadamente su amor Valentín era decapitado el 14 de febrero del año 269, calendario gregoriano mediante.

Lo de fueron felices y comieron perdices se ve que no.

Feliz finde, sed felices, y sonreíd!

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