El post del viernes·Opinión

El post del viernes (XXXIV)

Muy pero que muy buenos días, gilis!!!

Sin ánimo de tomármelo a broma y frivolizar, parece que la cosa está un poco tensa, ¿no? Si ya lo estaba antes, desde el viernes pasado ha empeorado considerablemente, desde luego al menos en suelo europeo. Conocedor de esta tensión, y sabiendo que hay mucha gente que se puede sentir herida, pido disculpas de antemano por esta entrada. Si además eres de los que se enerva fácilmente y vas a empezar a soltar improperios, nadie te lo impide lógicamente, pero te agradecería pararas de leer aquí. Más que nada porque nadie te obliga a leer las opiniones que un Don Nadie vierte en la red, me gusta que la gente esté feliz y no se cabreen por culpa mía, y desde luego todos tenemos cosas mejores que hacer que entrar en un comentario-contestación-comentario y así sucesivamente. Además de antemano confieso que en ese sentido cada vez estoy más perezoso, y muy probablemente no entre al trapo. Pero sobre todo te agradezco que no lo hagas, y espero lo veas motivo suficiente con esta razón, porque ante todo, lo que voy a exponer es mi opinión, simple y llanamente, no pretendo que nadie la haga suya (aunque me consta que hay gente que la comparte), y lo que voy a confesar, aunque te parezca lo contrario, está escrito en primera persona y no pretendo otorgarle validez de hechos sino de estrictas opiniones personales.

Puestos los papeles encima de la mesa, hace unos días leí un artículo del que comparto muchas ideas. Al menos en parte. El artículo se llama “Lo siento, soy gilipollas”. Y mi confesión, quizá como una forma de expiar mis pecados y espero que el autor me lo permita sin tirar de SGAE para pedirme derechos de autor, comienza así.

Soy gilipollas. Sin el “lo siento”. Porque no me quiero engañar, soy un hipócrita y diciendo “lo siento” igual estaría mintiendo porque no sé ni yo siquiera si lo siento de verdad o no. Así que por si acaso no lo digo. Mi nivel de hipocresía seguramente esté a la altura de muchos, supere a muchos, y sea inferior a…no sé, quizá también otros muchos. La lista de razones por las que soy un hipócrita es extensa. Por ejemplo, me preocupo por el hambre y la pobreza del tercer mundo, pero apenas dono dinero ni alimentos a causas humanitarias. Estoy a favor de los derechos de los trabajadores, pero promociono la explotación del siglo XXI mediante la compra de productos de empresas con fábricas deslocalizadas o condiciones laborales deleznables en países democráticos. Creo que los animales tienen derechos, pero sólo algunos por lo que se ve, porque aunque no me gustan las corridas ni el Toro de la Vega, en cambio sí consumo carne animal sin preocuparme de las condiciones en que vivieron, y tengo náuticos y castellanos, hechos de piel. Estoy en contra de la guerra, pero a saber de forma directa o indirecta cuantísimas formas de financiar las armas estoy llevando a cabo. Digo que me interesa la política, pero a duras penas me informo lo justo del panorama internacional y nacional. Información que suelo terminar recopilando en medios convencionales y de grandes masas, a pesar de que critico la poca credibilidad e independencia de la que gozan. Y así podría seguir, con un larguísimo etcétera.

Ante todo esto tengo un mecanismo interno de autodefensa, gracias a que de vez en cuando tengo destellos leves que me hacen sentir mejor conmigo mismo, al menos durante un corto período de tiempo. Y que desde luego, algunas veces me encargo de airear para poder alardear de lo bueno que he sido y soy por unas pocas memeces. Una vez, por ejemplo, hice un voluntariado. Un año duré, nada más, y sin noticias de otro. Tengo parte de mis ahorros en Triodos y con eso me siento la poya de bueno, pero también tengo dinero en otros bancos que…bueno, mejor ni comento. Antes de las elecciones intento leerme parte de algunos programas electorales, y ya con eso me siento con derecho a decir que voto con mucho más criterio que otros. Para poder alardear de que no siempre me informo con lo mismo, a veces me da por leer artículos de medios independientes y colgarlos en mis redes sociales como para hacerlos míos. En su día por ejemplo lo hice mucho con Tsipras en Grecia, y llevo un tiempo sin noticias de ellos (a lo mejor por cierto están haciendo las cosas bien, no lo sé porque ya digo que no me he informado). Y así otra retahíla que paro aquí.

Habiendo descargado esta confesión, me siento mejor porque por dentro pienso “al menos estoy en la fase de aceptación, y soy capaz de reconocerlo públicamente”. Más hipocresía y para más inri, conformista. Porque si soy un gilipollas hipócrita que lo reconoce abiertamente, de no cambiar entonces me convierto en una persona que lo asume y hasta disfruto con ello. Pero es que encima disfruto poco siendo así, como es el caso, así que le sumo frustración e infelicidad. Y por si fuera poco, para rizar el rizo, encima detesto a los que son como yo, por lo cual soy un jodido cínico y con aires de sociópata.

Detesto, por ejemplo, entrar en Facebook y ver que todo el mundo es gabacho de repente. Siento mucho lo ocurrido, y respeto enormemente todos los que se ponen la bandera de Francia de símbolo ahora, especialmente a los que sí son franceses o tienen lazos afectivos con el país, o viven en París, o conocen a gente que estaba en el lugar de los atentados y han perdido a amigos y familiares. Pero hay otra gente que se la pone un poco por seguir la marea, así sin más. Y sobre todo, muchísima gente que le pasa lo que a mí, que de repente me dan mucha pena todas las historias de personas fallecidas en París y que nos bombardean los medios con ellas estos días, pero no he tenido la misma preocupación con los atentados que se produjeron en Turquía o Túnez. “Hombre es que no son europeos y no están tan cercanos”. Ahora de repente va a ser Oceanía, no te jode. Tampoco he visto, y me incluyo el primero, la misma preocupación por los miles de sirios fallecidos en la guerra, muchos de ellos civiles. Civiles que por cierto muchos habrán muerto a causa de bombardeos organizados por ejércitos de países occidentales y democráticos. Por supuesto eso son daños colaterales, en toda guerra ocurre y es una pena pero tiene que ser así. Cojonudo. Mientras tanto, en sólo una semana un país democrático tan emblemático como Francia, y con un gobierno supuestamente de izquierdas, ya ha solicitado alargar el estado de excepción con medidas excepcionales, cambiar la Constitución para darle más poder al Ejecutivo, y bombardeado puntos de Siria saltándose las aprobaciones parlamentarias, de la ONU y de la comunidad internacional. De los refugiados tampoco tengo muchas noticias. Vi el domingo Salvados con su especial sobre “Sin Refugio”, mientras lo veía lanzaba comentarios de “qué pena”, “y de esto tenemos nosotros la culpa”, y más tópicos, pero me volví a dormir tranquilamente y al día siguiente prácticamente se me había olvidado. Algunos nos encargamos estos días de ensalzar la idea de que no hay que dejar crecer el racismo o la islamofobia a raíz de estos atentados, pero reconozco que sería el primero que si veo en un sitio público alguien con mala pinta, árabe y con mochila, soy el primero que se acojonaría, y me da mucha, muchísima pena, porque todos los amigos de países árabes que tengo son maravillosas personas. No obstante, como sé que todo estas ideas son compartido por mucha gente, mal de muchos, consuelo de gilipollas.

Habiéndome confesado un gilipollas hipócrita conformista infeliz frustrado y cínico, lo único que me queda es unirme al que escribió el artículo “Lo siento, soy gilipollas”, y rezar porque haya otra gente que se termine animando y seamos muchos. Y quizá algún día alguno dé un paso y cambie para bien. Yo por lo pronto aviso, dudo que lo sea.

Si has llegado hasta aquí, gracias por leer mi confesión, tenía ganas de compartirla. Lo descrito, en parte, soy yo, y si tenías una buena impresión de mí y ahora cambia, no te culpo.

Con todo lo dicho, que no se me olvide: pasad buen fin de semana y sed felices. Ah, esto sólo ha sido un alarde espontáneo de querer confesarme, pero como con todo se me pasará, olvidará y volveré a escribir entradas chorras y graciosas en mi blog, lo digo por los que os ha extrañado.

P.D: gabacho, por cierto, que proviene de la palabra catalana “gabatx”, que anteriormente se ve que significaba “extranjero” (forastero en mi pueblo), y que se usaba de manera peyorativa en Cerdeña, durante la época en que la isla estaba dividida entre españoles y franceses, por los primeros para insultar a los segundos.

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