Pavia·Viajes

L & P

Se puede decir que ya había tenido visitas en Pavía (mi amigo Pablo, Sofía y Cristina las portuguesas. ¿Adrián que iba a ser mi compañero de Doble Titulación?), pero hasta el jueves pasado, ninguna que OFICIALMENTE hubiera cogido un vuelo desde España para venir a verme exclusivamente a mí.

Hace sol, no demasiado frío, y como suele ser habitual últimamente llego más tarde de lo normal a recibirlas (aunque esta vez tengo medianamente cierta excusa). Allí están, Laura y Páris, con cierta cara de “¿en serio nos has hecho esperar A NOSOTRAS?” que disimulan muy bien, y sin haber entrado aún en arrebato comprador compulsivo. Después de comer en mi querido Burger de la estación de tren (donde he de decir que soy el que menos come. Malditas gordas, creo que van a dejarme mi despensa tiritando), dejamos las maletas en la consigna: 10 minutos esperando donde no era con un cartel enorme que lo indicaba, y gente que posteriormente aprovechó para colarse. Pero Páris controla sus instintos asesinos.

El día está propicio para ir andando a todos lados: bajamos por la calle de tiendas, tomamos un café (se enfadan conmigo porque no les explico antes de pedir que existe uno con Nutella. Empezamos bien), cruzamos las galerías, vemos el Duomo, andamos hasta el Castello y todo de vuelta a pié. No hizo falta que llegara el día siguiente: ya en el tren a Pavía las agujetas en los gemelos me dijeron “Ola K Ase”.

 

 Llegamos a Casa Fagioli para dejar las cosas y llega su primer encontronazo con la realidad Erasmus: la fiesta de ayer se nos fue totalmente de las manos y no nos ha dao tiempo a ninguno de limpiar nada. Salimos de la pocilga de mi casa a hacer un aperitivo al Minerva Lounge Bar. SÍ, DE SIBARITA Y TÓ COOL, PORQUE HABÍA HASTA QUE RESERVAR. Por 7 € nos ponemos como el kiko (el tal kiko éste tenía que ser una jodida bola de grasa). Después vamos al Black Bull, bar que se caracteriza por poner jarras de cerveza estilo Oktoberfest por 5 €. Me siento entre mis amigas y la visita de Irene a la que martirizo a mi manera hasta que me odia. La cosa se anima poco a poco, hasta tal punto de que me veo solo en una mesa con 20 mujeres. Y no, no es una ventaja competitiva: ninguna acabó en mi cama. En el Raise mis amigas conocen cómo se hace la famosa Fragola, y concretamente, a la poderosa mamma Fragola. Después acabamos la noche en casa de 3 andaluces, uno de ellos Dito del que no sé si os he hablado, pero que es un maldito personaje que siempre acaba hecho peazos.

 

 El viernes se supone que nos íbamos a levantar temprano para ir al Lago di Como. Pero se levantan dos personas. Damos una pequeña vuelta por alguno de los sitios que hay que ver de Pavía y almorzamos con Eva (mi rubia preferida de Pavía, merece mención aparte) y Rita (nueva incorporación canaria del segundo cuatrimestre). Pillamos terraza con sol, esto no está siendo normal.

 

 Por la noche viene Alessio a cocinarnos a casa: rissotto alla monzesse (o cómo coño fuera) que estaba tremendísimo. Se nos une Fra, otro italiano de la ESN, y después unos amigos suyos que estuvieron también de Erasmus en Sevilla como él. Nos vamos a un bar de nueva apertura al lao de mi casa, donde el camarero es vecino de Alessio y dice que viernes y sábados pondrán de momento copa + chupito a 2,5 €: se confirma. Lo que también se confirma es que el camarero, Roberto, es un jodido personaje: Robbie, harme ya el carné VIP de La Dolce Vita. Después de bebernos alguna que otra, vamos al Raise (un’altra volta) donde hay más gente fuera que dentro. La fiesta se supone que debería terminar temprano: para nosotros porque tenemos Lago di Como, 2º intento, y para el resto porque mañana a las 7 de la mañana salen para el viaje a los carnavales de Venecia. Pero no contaban con el after en casa de Dito. Maldito liante. Yo llego a casa exactamente a las 7 y los Álvaros, que deberían estar hace 10 minutos en la estación, están tirando ropa en sus maletas a toda ostia. Así son ellos.

 

 Efectivamente el sábado se levantan temprano exactamente las mismas dos personas de ayer. Cocino en casa para mis niñas y después de remolonear damos una última vuelta por Pavía. Por la noche vienen a cenar pizza unos cuantos a casa, entre ellos Carlos de Mallorca. Con pocos años más que yo este tío ha vivido en Inglaterra, Norte y Sudamérica, está en proceso de divorcio, trabaja actualmente construyendo barcos aquí en Pavía y tiene un Lexus. Lexus que ofrece a la mañana siguiente para llevarnos a Lago di Como. Grande, abemus vehículo. En la cena/copas de mi casa me quedo alucinado con las historias sobre Italia y España que me cuenta Fra. Laura y Páris son unas mariconas que se quedan apamplás en casa sin salir, y el menda se va con la gente al bar de ayer. Está cerrando pero al vernos el camarero nos abre y nos dice que nos sirve la última. Maldito puto capo.

 Y llega el domingo. POR FIN, Lago di Como. Peeero lo que no os había contado es que yo había recibido una llamada dos días antes ofreciéndome un trabajillo. Así que el menda, después de haber dormido 3 horas, se presenta en un estudio de grabación en Milán a ser la voz del listening del típico examen de nivel de español. ¿Cómo os quedáis? Pues fijo que os la suda, pero yo estaba muy orgulloso. Totá, que después de estar 3 horas y media grabando allí y haber hecho esperar fuera a mis amigas y Carlos más de una hora, nos vamos a Como. Debemos haber sido los 3 cojonudos con el karma porque de nuevo tenemos sol. Eso sí, “más frío que en la celebración de la participación por primera vez en el Sacramento de la Eucaristía del adorable dibujito de plastilina conocido como Pingu”, by Laura. Pero merece la pena: el Lago di Como es definitivamente si cabe más bonito de como lo pintaba la gente, en el paseo en barco casi morimos congelados pero tuvo su encanto, y Bellagio es la ostia de bonito…y la ostia caro, joder, 3 euros por cada puto café y bendito el día en que decidí invitar por haber trabajado (cierta persona me debe aún algo por ser afortunada en el juego…EJEM).

 Laura y Páris, ha sido un placer teneros. Casa Fagioli guarda un pedacito de cada una de vosotras…hasta que se acaben las chacinas que me trajisteis. Después a comprar otro vuelo y a renovar, mamonas.

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