Opinión · Otros

Dándolo todo

Las entradas más antiguas de este blog corresponden a mis andanzas por Siena, ciudad en la que pasé uno de los mejores años de mi vida y en la que hice lo que yo llamo cariñosamente (y cuando queráis os lo explico en un fin de semana de cervezas) mi “primer Erasmus”. Cuando estéis muy muy aburridos, daros un paseo por aquí y leed alguna de las entradas, como mi llegada triunfal, cuando me perdí en la Università di Siena e intenté hacer una tortilla de patatas por primera vez, o la despedida lacrimógena del Erasmus.

Hace algo más de 2 meses estuve en Mallorca de festival, con uno de esos personajes indeseables que por suerte o por desgracia te toca cruzarte en la vida y yo, encima, voy y sigo juntándome con él (personaje que, por cierto, se mete conmigo por seguir llevando la pulsera del festival cuando está internacional y socialmente aceptado que se quede en mi muñeca hasta que adquiera moho). Compañía aparte, el festival tuvo momentos para el recuerdo. Con DJs from Mars lo flipamos, con Izal me quedé afónico y con Prodigy no paramos de saltar. Pero uno de los que más me gustó fue la actuación de Javier Ibarra Ramos, más conocido como Kase.O, que dio un auténtico recital de clase rapeando y aprovechando sus minutos de gloria para lanzar discursos de respeto a la mujer.

Pero un discurso que posiblemente nadie se esperaba fue el que usó para arengar a todos los oyentes a que, hicieran lo que hicieran en su vida, pusiesen su alma en ello. Esfuérzate. Tú tienes mente, corazón y cuerpo. ¿Qué más quieres, hermano? Pon esfuerzo, especialízate. Si haces barras de pan, haz las mejores barras de pan del barrio. Si haces muebles, haz unos muebles increíbles, y véndelos con una sonrisa aunque tu jefe sea un subnormal. Si estudias Química, estudia esa puta molécula que nadie se ha atrevido a estudiar y te llamarán porque eres experto en la molécula, ¿me entendéis? Y todos estáis en edad, da igual si eres pequeño, mayor, si has nacido en cualquier barrio. Tú eres capaz de todo, que nadie te diga la contrario. Con tu esfuerzo y tu voluntad, lo que quieras, estás a tiempo de todo.

“Bumba” oí a mi lado. La gente aplaudió y yo lo hice mirando al que había dicho Bumba con una cara mezcla entre “what the fuck” y “joder, qué máquina” . Aquello me dejó un poso y estuve varios días pensando “esto a mí me suena”. No fue hasta que volví a escribir en mi blog cuando caí en la cuenta que todo estaba relacionado: el discurso de Kase, el nombre de mi blog, y las primeras historias que escribía de Siena tituladas “Dándolo todo”. El discurso de Kase.O habla de esfuerzo, de voluntad, de poner la mente, el corazón y el cuerpo en cada cosa que haces en la vida. El kimochi en japonés (como lo hace el mindfullness) habla de controlar los sentimientos y tener consciencia plena de todo lo que hacemos en nuestro día a día. Y por último, ¿qué tiene que ver todo esto con “darlo todo”?

Cuando salimos con nuestros amigos de fiesta, muy posiblemente alguien del grupo diga “illo, vamos a darlo todo hoy”. Bien, es una acepción que me gusta. Pero creo que da bastante más de sí y va más allá del mero concepto de “salir de fiesta, beberme el agua de los floreros, bailar hasta que esté bañado en sudor y meterle cuello hasta el perchero del fondo”. Darlo todo es no dejarte nada dentro, volcar todo lo que tienes en cualquier cosa que hagas, y no poder arrepentirte luego de no haber exprimido al máximo todo lo que tenías en cada ocasión. La ocasión puede ser muy grande o tremendamente insignificante, pero el proceso es el mismo.

Si estás con tus amigos, dalo todo. Si estás en casa viendo solo una película o una serie, pon todo tu foco de atención en ella, disfrútala y aprecia cada imagen, palabra y pieza de la banda sonora. Si lees, dalo todo y bébete cada frase que te entra por los ojos. Si estás enamorado, dalo todo aunque luego te rompan el corazón, porque si no luego te devanarás los sesos pensando en que te rompieron el corazón precisamente por no haber dado lo mejor de ti. Si estás soltero, dalo todo igualmente, con cada ligue, y con los que no lo sean, que no tengas que pensar luego en “¿y si hubiera…?”. Dalo todo cuando estés trabajando, te guste o no te guste lo que haces, porque que te guste o no está en la actitud que le pones en cada día en la oficina, en la tienda o en la obra, no en el trabajo en sí. Da igual que seas banquera, peluquero, barrendera, abogado, profesora, enfermero, recepcionista…dalo todo coño, que tú y los que trabajan contigo lo agradeceréis. Si estudias una carrera, un máster o unas oposiciones, dalo todo y no pierdas la atención de nada, que el conocimiento es poder y mucha gente pagaría mucho dinero por poder hacer lo que vosotros. Si estás jubilado y no lo das todo ahora, ¿cuándo carajo lo vas a dar? Si estás jugando con tu hijo o hablando con tu abuela, deja el puñetero móvil o de mirar a la televisión y dalo todo con ellos. Cuando estés en la ducha, tirado en el sofá sin hacer nada en particular, cantando, bailando, haciendo el amor, follando, de vacaciones, hablando con una amiga por teléfono…da igual, dalo todo en cada momento.

Piensa en la gente que admiras en lo profesional. Sea deportista, científico, directiva, o amo de casa. Si los admiras por lo que hacen en su trabajo es porque lo han dado todo y han copado las mejores expectativas de lo que su entorno esperaba de ellos, y hayan o no escalado hasta la jerarquía más alta dentro de sus posibilidades, seguro que donde están, haciendo lo que hacen, son únicos. ¿Y en lo personal? ¿Quién destaca más? ¿El depresivo que todo lo ve negativo, que hace que cada cosa en la vida se convierta en una losa? ¿El que está todo el día empanado y no se acuerda ni con quién ha hablado esta mañana ni qué ha dicho su amigo hace 5 minutos? ¿El que parece que va arrastrando los pies por la vida y que le pesa el alma, pudiendo contar con los dedos de una mano las veces que sonríe en un día? No, ¿verdad? Tú te acuerdas del que derrocha energía, del que se come el mundo, del que entra en una habitación y sonríe y reparte abrazos como si quisiera matar a alguien. Del que de cada ocasión hace un momento único e irrepetible, sonríe ante las adversidades y vuelca su espíritu en cada cosa que hace. Del que absorbe todo lo que dices cuando estás hablando, y del que habla y parece que el resto del mundo se haya parado y sólo estéis tú y los que le estáis oyendo.

No desaprovechéis cada momento y dadlo todo, que al final siempre nos entran las prisas. Yo de momento me voy a México de vacaciones, e intentaré darlo todo de voluntario y de vacaciones por Chiapas y Cancún. Cuando vuelva, si alguien quiere darlo todo con una cervecita y que nos contemos la vida, ahí estará el menda.

Feliz agosto y a darlo todo chavales.

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4 comentarios sobre “Dándolo todo

  1. Como estoy de vacaciones, incluso en las redes sociales, que las tengo abandonadas, no me había fijado en tu última entrada, que suelo leer casi de inmediato. Así que, un poco tarde, te comento que me gusta ese entusiasmo, sí señor, así hay que ir por la vida, ofreciendo lo mejor que tenemos, sin desaprovechar ni un instante y afrontando la vida con optimismo.
    Feliz viaje y felices experiencias.

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